Martes 25 DE Septiembre DE 2018
Opinión

En ocasión de las fiestas judías

— Jacques Seidner
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Hacia el año dos mil a. C. ocurre un acontecimiento decisivo en la Historia de la Humanidad. En Mesopotamia zona en que convergen tres continentes, ahí donde no es totalmente Europa, ni África ni el Extremo Oriente asiático –aparece– enfrentándose a la idolatría, habitual en los pueblos de esas remotas épocas, el concepto de un Dios único, intransigente, trascendente, personal, y susceptible de efectuar una alianza con el personaje que acepte reconocerlo y servirlo en la Tierra.

Abraham del grupo hebreo de Ur –hijo del idolatra Terah– resulta elegido y recibe las instrucciones del Divino: “Abandona tu tierra, tu familia y la casa de tu padre y dirígete al país que te indicaré. Le daré ese país a tu descendencia, será esa la Tierra Prometida”. Y con tales sencillas pero determinantes palabras se concluye la Alianza de Dios con lo terrenal y se inicia la saga de la Humanidad que habría de llevar al pueblo hebreo –hoy denominado judío– a vivir su Historia con épocas de buenaventura pero más aún de tragedias recurrentes.

El monoteísmo surgido de la Alianza y que se fue imponiendo paulatinamente en el curso de los siglos posteriores es simple y de una pureza diáfana, un deísmo intransigente, exclusivo, agresivo, que se opuso tanto al politeísmo de la cuenca del Mediterráneo, como al ateísmo de la India budista. El Dios de los patriarcas hebreos Abraham, Isaac, y Jacob –este último habiendo cambiado su nombre por el de Israel– ama el Bien y odia el Mal, es un ente que le habla al Hombre, que dialoga con él, al cual se puede implorar, con el cual puede comunicarse, con quien se discute, casi se regatean favores. Todo lo que se interponga entre lo divino y lo humano será calificado de idólatra. No se permitirán representaciones pintadas o esculpidas, es más, no se le puede nombrar aunque para efectos prácticos entre terceros se le denomina Jehová.

El monoteísmo –el primer aporte del pueblo de Israel a la civilización mundial– y han habido muchos más a lo largo de su larga marcha histórica como Pueblo Elegido –fue sin duda el más determinante históricamente hablando. Dicho concepto espiritual fue adoptado y mundializado siglos más tarde a través del proselitismo agresivo de dos religiosas surgidas del judaísmo: el cristianismo con frecuencia antisemita, seguido por el antijudío y combativo Islam.

 Y es de preguntarse a la vista de los buenos, leales servicios prestados durante tantos siglos ¿si alguna vez en el futuro histórico se declarará al judaísmo Patrimonio de la Humanidad? Sería acto de justicia aunque suponemos que ello nunca sucederá…

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