Martes 25 DE Septiembre DE 2018
Opinión

El istmo en su laberinto

Estamos ante algo similar a la década de los 70-80, sin el flagelo de la guerra.

— Miguel Ángel Sandoval
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Más allá del desenlace que tenga la actual situación política guatemalteca, que presenta rasgos preocupantes para el conjunto de la sociedad y sus diversas corrientes políticas, pues un conjunto de disposiciones de gobierno en relación a la CICIG, nos colocan a nivel mundial como un Estado corrupto, fallido y otras denominaciones, lo cierto del caso es que nos encontramos de manera imprevista, ante algo similar a la década de los 70-80, solo que sin el flagelo de la guerra.

No me limito a la situación nacional, también me refiero a la inestabilidad hondureña y a la sacudida violenta de Nicaragua, que en su desarrollo afecta ya de forma clara y delicada a la vecina Costa Rica. Parecería que solo El Salvador goza de momento una situación que podría ser caracterizada de normal. Pero a pesar de esa relativa normalidad, la violencia social se encuentra presente de forma inocultable.

El punto es que antes de vivir un periodo de crecimiento económico con desarrollo para todos, estamos ante una recaída en la mayoría de países, especialmente Guatemala, Honduras y Nicaragua. Los datos son elocuentes. En nuestro país, junto a un limitado crecimiento económico hay un florecimiento de la pobreza. Los datos de organismos internacionales son categóricos. Nicaragua por su parte, conoce una involución en todos los indicadores. Honduras no se recupera del fraude de hace un año. Es la catástrofe. La región vive en un laberinto de incertidumbre.

Los escenarios en el mediano plazo son malos. Desde donde se les quiera ver. Si es desde el punto de vista económico, salvo que se implementen medidas que se han evadido durante décadas, el resultado será el mismo. Los proyectos como el Plan para la Prosperidad, son insuficientes, pues hace falta un esfuerzo regional que aborde los temas estructurales pendientes. En general seguiremos ante la falta de desarrollo económico, envueltos en una ruptura social que tiene representación en el fenómeno de las migraciones, que no pueden ser reducidas a una remesa.

Y los escenarios en la región, con las estructuras políticas carentes de legitimidad se anuncian turbulentos. Salvo que se adopten medidas en lo económico y social audaces. Como la reforma tributaria, por ejemplo, para contar con más recursos en los países, para una política agresiva de inversión en lo social, y medidas que apunten hacia la democratización política. No entender esas necesidades solo nos haría perder las vías para salir de una crisis que viene acumulándose desde hace décadas. Por ello las salidas que logremos construir tienen todas, que contar con la vertiente Centroamérica, sin esto, lo que se pueda impulsar tendrá efectos muy limitados.

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