Lunes 12 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Una dosis de Maquiavelo para el Triángulo Norte

Al final pesaron más las buenas armas que las buenas leyes.

— Roberto Antonio Wagner
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Hace 16 años el catedrático y asesor político Joseph Nye escribió un pequeño pero sesudo libro titulado La paradoja del poder americano (2002). Su tesis se centraba en cómo podrían los EE. UU. mantener su hegemonía en un mundo globalizado; si lo podrían hacer unilateralmente amenazando directa o indirectamente el uso de fuerza como decía el buen Maquiavelo sus “buenas armas”, o si debía recurrir a las “buenas leyes” que en el siglo XXI serían la diplomacia, el multilateralismo e influenciar a otros estados por medio no militares, lo que se conoce como poder blando. Nye opinó en ese entonces que la segunda opción es mejor, pero en los 16 años que han transcurrido, la opción de las “buenas armas”, que Maquiavelo prefirió, sigue siendo el principal respaldo de la política exterior de los
EE. UU.

Con un Triángulo Norte en plena convulsión política, la paradoja de Nye enfrenta un pequeño gran reto. Pequeño, porque se trata de tres países con capitales cercanas una de la otra y que compartimos el mismo idioma, cultura e historia pero que a la vez atravesamos complejos procesos políticos completamente ajenos el uno del otro. Grande, precisamente por la lógica de la Guerra Fría: si los EE. UU. no pueden poner orden en su área de influencia inmediata, menos podrá hacerlo en otros rincones de mayor importancia geopolítica. Pero ¿cómo lograr orden sin aumentar el caos del cual ya somos víctimas (niveles de violencia, inestabilidad política, corrupción, pobreza, desigualdad)?

Hasta el momento las “buenas leyes” se han traducido en el flamante Plan Alianza para la Prosperidad del Triángulo Norte (PAPTN), que es la versión del siglo XXI de la Alianza para el Progreso impulsada por John F. Kennedy entre 1961 y 1970 que fracasó a favor de acuerdos de carácter militar para la década posterior. Al final pesaron más las buenas armas que las buenas leyes. Cincuenta años después no hay conflictos internos, pero las condiciones de nuestros países siguen igual o peor y seguimos siendo un asunto de seguridad nacional para los EE. UU. de quienes seguimos dependiendo como en aquel entonces. El PAPTN correrá la misma suerte que la Alianza para el Progreso y para entonces la historia dice que las buenas armas serán la opción bajo regímenes que favorezcan la ley y el orden por encima de la libertad y la justicia. En la búsqueda de sus objetivos de seguridad nacional no hay que olvidar que para los EE. UU. el fin siempre justificará los medios.

@robertoantoniow

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