Miércoles 19 DE Septiembre DE 2018
Opinión

La República en crisis

Con el incauto aplauso de gruesos números de conservadores guatemaltecos, el affaire de “Iván y Jimmy” parece haberse resuelto, al menos temporalmente, a favor del Presidente.

— Lionel Toriello
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Siglos antes de la era cristiana, griegos y fenicios, primero; y cartagineses y romanos, después, pusieron los cimientos de las primeras formas de gobierno basadas en la división del poder y en la prevalencia de reglas generales de conducta sobre el capricho de los gobernantes. Fue en Roma donde estos ensayos sobre el control ciudadano del poder (en contraste con inveteradas fórmulas despóticas) primero se logró consolidar: se había inventado “la República”… Un resultado de esta superior forma de gobierno, además de una sólida y difundida prosperidad, fue la creación de una civilización cuyos logros aún iluminan la vida cotidiana actual. Roma, no obstante, envejeció. Arropada por una prosperidad nunca antes vista, se relajaron sus costumbres y se perdieron los equilibrios republicanos. Un Senado abusivo y miope recurrió hasta al asesinato de las voces populares con tal de no ceder los privilegios de su patriciado, como fue en el caso de los hermanos Graco; mientras políticos voraces, como Mario, populista y Sila, ultra-conservador, azuzando los apetitos inmediatistas del pueblo, condujeron al enfrentamiento social y a la guerra civil. Herida de muerte, la República involucionó hacia nuevas formas de despotismo y a partir del asesinato de Julio César, la suerte de Roma quedó a merced de la relativa aptitud, o negligencia, del nuevo déspota: el emperador. Pese a todo, la inercia de las instituciones republicanas permitió una cada vez más precaria pero innegable persistencia de la vida civilizada, por varios siglos más… Pero finalmente, un Imperio Romano disminuido, fragmentado y crecientemente tiránico, resultó impotente para resistir las presiones demográficas, económicas y militares de pueblos “bárbaros” al norte y al este de sus fronteras y en el siglo V, esa vida civilizada se derrumbó.

Hubo que esperar más de mil años a que tras el Renacimiento y la Ilustración, la rememoración de los clásicos trajera de nuevo nostalgias republicanas. Tras muchos tropiezos, destronando absolutismos, la Revolución Francesa finalmente proclamó una renovada libertad política en Occidente, pretendiendo proteger al ciudadano individual del abuso de los gobernantes, mediante “contratos sociales” explícitos, como la actual Constitución guatemalteca. Guiados por las reflexiones de Locke, tras la decapitación del Rey de Inglaterra en el siglo XVII, Rosseau, Voltaire y Montesquieu, en la convulsa Francia del siglo XVIII, terminaron postulando la conveniencia de estructurar los gobiernos mediante la acción conjunta de tres organismos separados y distintos, “contrapesándose” los unos a los otros: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. Al Centro de América, como al resto de la América Latina, este modo de gobierno nos llegó en el siglo XIX, con la Independencia, aunque habría que admitir que aquí siempre más enfocado en las formas republicanas que en el auténtico respeto a su esencia democrática. Hoy, en Guatemala, unas Cortes activistas y partisanas; un Congreso delincuente e incriminado; y un Ejecutivo torpe y señalado, evidencian las limitaciones de un sistema político perverso, que pese a sus formas republicanas, ha inhibido eficazmente la auténtica participación ciudadana; y nos tienen en este momento inermes frente al “destape” de la cloaca en que se ha convertido la administración pública, que para vergüenza nacional, tuvieron que venirlo a hacer unos extranjeros…

Con el incauto aplauso de gruesos números de conservadores guatemaltecos, el affaire de “Iván y Jimmy” parece haberse resuelto, al menos temporalmente, a favor del Presidente; entre otras causas, gracias a la conducta díscola del actual ocupante de la Casa Blanca, que anda en líos parecidos…“chiripazo” de última hora. Pero habría que tomar esta victoria pírrica de quienes han venido buscando un simbolismo equivocado, con un grano de sal: el hedor que emana de círculos cercanos a los “vencedores” de este entuerto ya no lo pueden contener. El pueblo ya sabe cómo despojaban al erario nacional muchos de los que hoy se dan “baños de soberanía”. Y debe saberse que no solo socialistas o extremistas de izquierda, “aquellos que buscan crear aquí otra Venezuela”, ven con desagrado que los corruptos se sientan súbitamente envalentonados con las noticias del momento. Los auténticos demócratas liberales, los que queremos que Guatemala escoja las fórmulas que han llevado libertad y prosperidad a las mayorías en otras naciones, sabemos que la última instancia en este momento histórico, es el próximo veredicto del electorado nacional. Ojo, Guatemala: en el 2019 definiremos el futuro; no perdamos, de nuevo, otra oportunidad…

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