Martes 20 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Estamos definiendo nuestro futuro

La historia será quien juzgue el actuar de cada uno, en esta complicada coyuntura.

— Estuardo Porras Zadik
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Estamos cayendo en el error de pensar que Guatemala está dividida en partes iguales. En esta lucha en contra de la corrupción y la impunidad, la polarización nos hace ver bandos: dos grupos claramente confrontados el uno con el otro, cada cual defiende una postura a favor o en contra de esta batalla que, en realidad, comenzó apenas hace tres años. En ese momento y con los mismos actores, la balanza nos daba otro panorama: uno en el que las diferencias históricas de la mayoría de guatemaltecos hacían un receso y daban paso a la posibilidad de una Guatemala diferente, una definitivamente mejor. ¿Qué paso entonces? Hoy nos encontramos altamente polarizados, destruyendo por completo los avances alcanzados en ese corto período de tiempo. ¿Qué pasó? ¿Hay quienes están dispuestos a comprometer el futuro de millones de guatemaltecos con tal de alterar el corto plazo a su favor? ¿Cómo hacemos para entender que atender el corto plazo traerá consecuencias devastadoras en el futuro, que le pertenecerá a quienes hoy hagan posible el caos a través de un rompimiento constitucional? Esto pondrá en riesgo la certeza jurídica y los derechos de los guatemaltecos. Porque sin duda alguna se está jugando con fuego, y pretender no quemarse es ingenuo.

Llegó el momento de subordinar el debate y la confrontación a los hechos, y no a las diversas opiniones acerca de los mismos. Cada quien tiene el derecho a una opinión, pero a lo que sí no se tiene derecho es a su propia realidad, ya que hecho como tal no hay más que uno. Los hechos no deben alterarse por la opinión, los intereses, las experiencias, las circunstancias y las necesidades de cada quien o, para su efecto, de cada sector.

La Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) gozaba del apoyo de la mayoría de guatemaltecos, al momento de la develación de los altos niveles de corrupción durante el gobierno del Partido Patriota. Previo al año 2015, la Comisión era imperceptible y posterior a esta fecha, ha perdido entusiastas. Y era de esperarse. Mientras el combate en contra de la corrupción y la impunidad se mantuviese circunscrito a políticos claramente expuestos –dada su cínica y desmesurada voracidad por cooptar y saquear el Estado–, el apoyo de todos los sectores era indiscutible. Ahora bien, una vez las investigaciones de este ente llegaron a lo más profundo del entretejido social, político y económico, el apoyo a la Comisión y por ende al liderazgo del comisionado Iván Velásquez empezó a ser cuestionado. Con el avance de las investigaciones, sumado a la persecución de varios líderes de la política nacional y algunos sectores influyentes, este cuestionamiento se convirtió en un ataque frontal llegando a niveles de confrontación nunca antes vistos, creando un parteaguas en la sociedad. La lucha en contra de la corrupción y la impunidad mutó hacia una lucha por la permanencia de CICIG en Guatemala y la continuidad del comisionado al frente de la misma. En este proceso se generó una polarización capaz de crear una clara división entre quienes apoyan la labor de CICIG –bajo el liderazgo del comisionado Velásquez–, y aquellos que no. Pero hay que estar claros que no es una división pareja, ya que una poderosa e influyente minoría se pone de un lado de la balanza en contraposición a la abrumadora mayoría que pierde músculo ante el abandono y la falta de apoyo de aquellos que se han visto afectados de alguna manera.

Es importante racionalizar que el momento por el que atraviesa hoy Guatemala se convertirá en historia. Todo momento cede al tiempo. No obstante, la historia contará quiénes la escribieron, cómo fueron parte de ella, de qué lado de la coyuntura se situaron –si fueron dos caras y comprometieron su integridad por evitar ser afectados en el corto plazo, si lucharon por el Estado de derecho o si sus intereses puntuales los atrincheraron del lado incorrecto–. En fin, el tiempo juzgará a cada uno, a cada sector según sus actos en este presente que aún está por definirse. Guatemala florecerá, y aunque aún es incierto cuándo, la historia nos asegura que el bien prevalece ante el mal.

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