Martes 20 DE Noviembre DE 2018
Opinión

El péndulo se ha movido, el objetivo tiene que prevalecer

Es momento de tomar partido, no de tomar bando.

— Richard Aitkenhead Castillo
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Vivir para experimentar. Sufrir para aprender. Caminar para tropezar. Perseverar para triunfar. Reflexiones que sirven para entender el difícil momento que vive Guatemala y la experiencia que la sociedad debe poder internalizar. Pensamientos que deben orientar nuestra acción y análisis de lo que ocurre, de cambios que hemos podido percibir y de realidades actuales, en la coyuntura, no en la estructura.

Vivir para experimentar. No hay sentimiento más doloroso que percibir que el amigo, el aliado y el incitador se inmoviliza o se retracta en su actuar. Las declaraciones oficiales de autoridades de Estados Unidos han creado un vacío muy profundo en la lucha contra la impunidad y la corrupción en Guatemala. No es tema de si defienden la persona por sobre el sistema; es asunto de ser consistentes con discursos y supuestos apoyos a la sociedad en su esfuerzo por el cambio y renovación en el país. Es momento de tomar nota y verificar la consistencia real de su actuar. El tiempo será el termómetro para evaluar al aliado.

Sufrir para aprender. El juego siempre entusiasma cuando la pelota gira en nuestro favor. Esto no dura para siempre. Algunos intransigentes de la persecusión nunca quisieron ver el otro lado de la moneda. No quisieron entender la angustia del acoso, el temor del riesgo de perder el prestigio, o la fuerza unificadora del miedo y la búsqueda de revancha. Los extremos no llevan nunca al logro profundo, al avance sostenible. Hasta ahora lo logrado son victorias pírricas, no cambios estructurales. En la actual coyuntura, que está cuesta arriba, se conoce el verdadero compromiso de cada actor. Es momento de reiterar la convicción que sin la lucha profunda y permanente contra la corrupción y la impunidad, esta regresará más fuerte y peligrosa. Es momento de tomar partido, no de tomar bando.

Caminar para tropezar. Hoy se siente más lejana la justicia profunda, la victoria ante la corrupción, la erradicación de la impunidad y el castigo a los culpables de los males sociales, especialmente los derivados de la función pública. Debe reconocerse que también es un respiro para inocentes que han sido cuestionados sin pruebas claras. Esta coyuntura nos invita a no caer en la infabilidad ni en la complacencia. Es momento de entender que lo avanzado es histórico, pero no bien cimentado, y que los excesos deben corregirse, pero sin sacrificar la prevalecencia del Estado de Derecho.

Preservar para triunfar. No se puede, bajo ningún concepto, aceptar retroceder en la lucha franca contra la impunidad y la corrupción. Hoy, se debe confirmar la convicción que la ley se cumple y respeta. Si no somos capaces de hacer esta declaración, sufriremos las consecuencias del avance del poder del crimen organizado, las mafias y los políticos irresponsables. Guatemala merece preservar el esfuerzo: NO A LA CORRUPCIÓN Y A LA IMPUNIDAD. Es una lucha hasta el final. Guatemala nos necesita, aun cuando el péndulo se ha movido, el objetivo tiene que prevalecer.

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