Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
Opinión

¿Por qué apostarle a Jimmy?

Dos caminos para un destino: el narco-Estado.

— Edgar Gutiérrez
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No es el talento diplomático de Sandra Jovel ni la deslumbrante inteligencia de Mario Duarte lo que ha motivado, desde el jueves 30, las señales confusas del Departamento de Estado hacia Guatemala en estas horas críticas. Es la lectura incompleta del escenario guatemalteco y de sus actores.Suele ocurrir cuando los intereses de seguridad de los EE.UU. se codifican en clave de ideología extrema o de secta religiosa, y no en la lógica del interés nacional, la política internacional responsable de largo plazo y las estrategias que la viabilizan.

Esa lectura de Washington parte de la premisa falsa de que Jimmy Morales es sinónimo de estabilidad.Demasiado obvio que no. Basta revisar los resúmenes de prensa del viernes 31 y del martes 4.Rompió el Acuerdo de la CICIG y desobedeció la orden de la CC que anuló la expulsión de Iván Velásquez hace un año. Está provocando ingobernabilidad, a la vez que convierte a Guatemala en “país problema” para la comunidad internacional, con riesgos de escalar a las dimensiones de Venezuela y Nicaragua.

Esa premisa falsa daña, además, un principio de legalidad, sobre el que se está tratando de reconstruir Guatemala: no más delito sin castigo, igualdad ante la ley. Acerca de Jimmy Morales hay ya suficientes indicios razonables de financiamiento ilícito, corrupción y abusos sexuales que no se investigan porque el Pacto de Corruptos lo impide. La propia ineptitud de Morales para conducir la administración central de Gobierno (servicios esenciales en absoluta ruina) es fuente de inestabilidad social y económica, por los impactos adversos en la vida de la gente empobrecida y en el crecimiento económico.

Pero tan falsa es la premisa sobre Jimmy Morales como garante de estabilidad que, por ejemplo, un equipo médico independiente certificado, puede fácilmente concluir que el personaje sufre graves desórdenes de personalidad. Sobre esa base, un Congreso responsable por los destinos del país declararía de inmediato la incapacidad mental del sujeto, de acuerdo al Artículo 165 inciso i) de la Constitución.

Si demostradamente Jimmy Morales –como parte de la Tropa Loca, fuera de todo control- es sinónimo de inestabilidad, ¿por qué las señales confusas desde Washington? La única respuesta plausible es que Jafeth Cabrera despierta mayores temores de inestabilidad. La conclusión es alarmante: el número dos es peor que el número uno, quien ya está paseándose en todo. Sobre esa base camina y se envalentona el Pacto de Corruptos y ahora estambién Pacto de Golpistas (acompañado, equivocadamente, por cámaras empresariales con mirada solo de corto plazo). El panorama es sombrío y la mala lectura de Washington será un boomerang, aunque la tragedia es de los guatemaltecos.

Si Washington despierta hasta después del próximo 11 de septiembre, será tarde. Aprovechando el despiste, el Pacto de Corruptos se habrá consolidado como Pacto de Golpistas, capturando a la CC (desafuero de la magistrada Gloria Porras), callando la voz crítica del Procurador Jordán Rodas, y desatando una verdadera cacería de brujas contra cualquier sospechoso de disidencia. Ayer pasó la segunda lectura para hacer del antejuicio contra los independientes una carnicería política. La conclusión es esta: por la vía de Jimmy o por la de Jafeth, vamos al mismo destino: ser “narco-Estado”. La diferencia es de velocidad, porque la evidencia del crimen está a cerca de aflorar. Por eso, lo único que nos queda es la movilización social. La moraleja es: solo nosotros podemos confiar en nosotros y, al lograrlo, ejercer la verdadera independencia.

 

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