Lunes 12 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Remolinos mentales y el “Síndrome de Omoa”

“¿A quién le pediremos cuentas, qué tribunal podría purgar la podredumbre de la historia?” Cita de Josep Fontana en Por el Bien del Imperio. In Memoriam.

— Edgar Balsells
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Dice Manuel Castells, el español pionero de los estudios sobre la Cuestión Urbana y hoy preocupado por el impacto de la sociedad de la información, que nosotros los humanos construimos la realidad como reacción ante acontecimientos reales, internos o externos, pero nuestro cerebro no se limita a reflejar dichos acontecimientos, sino los procesa de acuerdo a modelos mentales.

Por tal razón, los grandes pensadores decimonónicos del pensamiento crítico encumbraron la guerra de fraseologías, siendo que una parte de la infantería de tales guerras no combate en contra del mundo que verdaderamente existe, sino las peleas son entre fantasmas del cerebro humano, adornado de moralinas, religión, metafísica y todo el resto de ideología. Y si hoy medimos las energías individuales y colectivas dedicadas a la guerra entre fantasmas, el Producto Interno Bruto de tales esfuerzos, medido en Quetzales, sería más alto que el de nuestras exportaciones.

Tal desgaste proteico energético nubla la vista e impide adentrarse en problemas concretos y lógicos, como el caso del Anteproyecto de Presupuesto General de Ingresos y Gastos de la Nación, con un monto de casi Q90 mil millones, que amerita de mucha indagación, siendo la primera de ellas exigir su mira hacia las metas oficiales y compromisos claros como los Objetivos del Desarrollo Sostenible –ODS–, enviados ya a los organismos multilaterales que nos apoyan. Una primera pregunta sería el indagar si la cartera de préstamos externos está incluida en tal monto o será parte del abanico de decisiones y presiones de los diputados durante el transcurso del 2019.

Otra interrogante es si en ese barril sin fondo de proyectos hormiga de los consejos de desarrollo y las municipalidades hay decisiones de fondo para limpiar el río Motagua o salvar de la debacle anunciada al lago de Atitlán. Con respecto al Motagua tenemos la desviación que yo llamaría “el síndrome de Omoa”: nos ponemos a sacar del agua los desechos de la boca barra, allá por Omoa, incorporando incluso al Comando Naval del Caribe, y se dice que así se extraen 67 toneladas de desechos, pero el alcalde de Omoa en Honduras se queja de nuestra chatez mental. Ni modo, si el problema se origina desde las cuencas río arriba. Muy arriba. Pero nuestra energías disminuidas y la preocupación de la prensa en fantasmas mentales nos impide encontrar soluciones de fondo. Simplemente dilapidamos el dinero en un Listado Geográfico de Obras hormiga, muchas de ellas sin sentido, sin los deseados efectos multiplicadores en el empleo y el Ingreso Nacional.

Mientras la romería por la captura de los recursos del presupuesto empieza, los proyectos ofrecidos luego de la emergencia del volcán de Fuego siguen en el limbo, y mientras campesinos padecen por pérdida de cultivos, el Ministerio responsable compra vehículos y crea plazas sin ton ni son. Así, los problemas terrenales se postergan y se enredan. Como dice Castells: la construcción del tiempo y del espacio define en gran medida nuestra construcción de la realidad.

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