Miércoles 14 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Enfoque: “Triunfo” de la impunidad

El presidente Jimmy Morales se queda –al menos por el momento– con su gusto: se quita de encima a Iván Velásquez, anula a la CICIG… y todo vuelve como antes.

— Gonzalo Marroquín Godoy
Más noticias que te pueden interesar

La lucha de tres años contra la corrupción y la impunidad están a punto de irse por la borda. La decisión del presidente Jimmy Morales y su “Consejo de Seguridad Nacional” de impedir que regrese al país el comisionado Iván Velásquez, es como una especie de tiro de gracia a ese esfuerzo que hizo aplaudir y soñar con un cambio a muchísimos guatemaltecos, cansados de ver cómo el sistema político creaba y renovaba estructuras de corrupción y enriquecimiento desbocado, a costa de mantener en la pobreza a la mayoría de habitantes.

Las órdenes y acciones tomadas durante los últimos días han emanado directamente del presidente Morales, quien reaccionó así desde el año anterior, cuando se le implicó a él directamente –por primera vez–, en un caso financiamiento electoral ilícito para su partido, el FCN-Nación.

Desde entonces –agosto del año pasado–, hemos vivido una crisis e inestabilidad constante, con efectos sociales y en la economía nacional. La sociedad se ha dividido más –esto ha favorecido las intenciones del mandatario y su séquito–, al extremo de diluir casi totalmente cualquier intento de oposición al desmantelamiento de la CICIG.

Estoy seguro que con el fin de la CICIG termina la lucha contra la corrupción –la lucha de verdad, quiero decir–. He escuchado a muchos decir que “hay que seguir en contra de la corrupción, pero no se necesita a la CICIG”. No saben lo que dicen, no saben el manto de impunidad que ha existido y existe en el país, no saben el maquiavélico entramado que ha construido la clase política para asegurar que la justicia esté siempre de su lado.

A muchos de los que hoy aplauden y queman cohetillos por el inminente fin de la CICIG, se les olvida que en las elecciones de 2015 había dos candidatos con amplia ventaja. Manuel Baldizón –¿le toca?–, y Sandra Torres. Ambos temidos por muchos y vistos como un peligro para el país. Pero la intervención de la CICIG cambió el curso de las elecciones, porque principió a dejar al desnudo la forma en que funcionan los partidos políticos.

Ni corrupto ni ladrón, dijo al presentarse a los electores Jimmy Morales, y los votos le llegaron, precisamente porque la gente estaba cansada de los políticos tradicionales, esos mismos que ahora se ven beneficiados por aquel candidato convertido en gobernante, bajo el mismo machote de aquellos a los que se estaba quitando.

Ciertamente el país estaba muy complicado por los conflictos en torno a la CICIG, pero mucho me temo que sin ella, el problema se vuelva gigantesco, porque no tendremos viabilidad de largo plazo. No faltará quien diga que estábamos mejor antes. Sin embargo, preguntémonos ¿Qué tendríamos en una Guatemala en el que la corrupción estuviera, al menos, minimizada?: • Más recursos para combatir la desnutrición crónica infantil y la pobreza misma. • Mejor educación, con mejores escuelas. • Servicios de salud bien equipados y abastecidos. • Mayores oportunidades para las personas, al menos para no tener tantos incentivos para migrar hacia EE. UU. • Carreteras, aeropuertos y puertos de calidad • Servicios públicos eficientes. • Seguridad. • Mayor inversión nacional y extranjera y; • un ambiente de progreso, libertad y democracia.

Todo eso que está arriba no lo veremos con el esquema que nos propone don Jimmy. En vez de eso, entraremos a una campaña electoral con partidos con las mismas mañas, que nos darán más de lo mismo: diputados y alcaldes corruptos o ineptos, un Congreso que no será muy diferente al que tenemos, jueces y magistrados sujetos al poder político, instituciones que no funcionan ni cumplen con su deber y, en términos muy generales, MÁS DE LO MISMO que hemos tenido durante un poco más de tres décadas.

Yo no me conformo con ese tipo de país que hemos tenido. Los avances son tan lentos y limitados, que siempre vivimos en medio de crisis, ya sean políticas, sociales o económicas. Nuestro problema ha sido el sistema de partidos políticos y la corrupción a lo interno, que deriva en gobiernos que cambian de color y canción, pero llegan con las mismas mañas.

Eso sí, hay que ser claros que Jimmy Morales no hubiera podido tomar todas las medidas que ha tomado contra la CICIG y las que piensa tomar contra toda persona o institución que se oponga, si no tuviera detrás todo el poder nacional e internacional que tiene. Por eso tiene a su lado a los militares, a los diputados, alcaldes –clase política–, algunos medios de prensa, magistrados y jueces y, me atrevo a decir que también a Estados Unidos.

En los años ochenta del siglo pasado, había un chiste que decía que el único país en donde no había golpes de Estado era en Estados Unidos… porque no hay embajada estadounidense. No sé si me equivoco, pero creo que a Trump, Pompeo y a la embajadora Nikki Haley, no les ha molestado el trato recibido por Velásquez y hasta han dado una especie de beneplácito. Si no, no me explico cómo ha podido suceder todo esto, y lo que está por venir.

Etiquetas: