Martes 25 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Otro aprendiz de tirano

Aunque fue electo como presidente democrático..

— Édgar Gutiérrez
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Temprano, en 2016, a los pocos meses de haber asumido la Presidencia de la República, Jimmy Morales viajó a Nueva York y, con carta en mano, solicitó al secretario general de la ONU prorrogar el mandato de la CICIG, que vencía en septiembre de 2017. La iniciativa le granjeó simpatía internacional y era consecuente con su discurso de campaña de apoyo a la Comisión.

(Por cierto, ha vuelto a circular en las redes sociales el video de una entrevista 2015, en el programa Cara a cara, dirigido por Eduardo Valdizán, en la cual Morales afirma, con reiterada enjundia: “Aprovecho para pedirles a los señores de la CICIG que investiguen nuestro caso. Y lo quiero hacer porque yo necesito que se aclare si detrás de Jimmy están los militares; si atrás de Jimmy está la TV nacional. Yo necesito que se sepa si detrás de Jimmy hay algún financiamiento… si lo hay, yo seré el primero en decir, okey, mentí. Pero si no lo hay, yo quisiera que los medios de comunicación que han estado publicando estas mentiras, lo dejen de hacer. Si yo no tengo el perfil, la capacidad, el liderazgo, que sea la gente la que decida… Tiene que quedar claro: le pido aquí a la CICIG que me investigue y que investigue al FCN”.).

En septiembre de 2016 el nombre de su hijo saltó en una investigación, basada en denuncia de la Contraloría, sobre un hecho de corrupción en el Registro de la Propiedad, y el comisionado se lo comunicó personalmente. Tres días después Jimmy Morales grabó un video para redes sociales, con su esposa al lado, informando del hallazgo y, como corresponde, el sometimiento de su hijo a los tribunales. Vale agregar que su hermano, Sammy, no había aparecido en la investigación y voluntariamente fue al MP a declarar su responsabilidad. Después, Morales entró a una cueva oscura, donde se perdió y no va a salir. Ya no quiso recibir al comisionado Velásquez.

Si Morales se hubiese extraviado solo, el país quizá lo lamentaría. Pero ocurre que arrastró al Estado a la cueva y desestabilizó la sociedad. Nunca hizo su trabajo, para el cual fue elegido. Mostró no tener el perfil, ni la capacidad ni el liderazgo que presumió en campaña. Cuando el TSE realizó las primeras auditorías de financiamiento electoral del 2015, y tuvo la oportunidad de aclarar los hallazgos, con arrogancia cerró las puertas a los auditores. La veintena de millones de dólares que recibió y no declaró, según él, eran regalos personales. El TSE envió la denuncia a los fiscales. La historia de agosto 2017 y 2018 es más pública. Los antejuicios exacerbaron el odio de Morales contra Iván Velásquez y la CICIG.

Temprano, otra vez, pero al revés, a un año de que concluya el periodo de la CICIG, que Morales solicitó, anunció la no prórroga del mandato. Es obvia su motivación. El maquillaje de comediante se le comenzó a caer también muy temprano y quedó a la vista el personaje incompetente. El viernes 31 comenzó a asumir el rol de pequeño dictador. Una excolega suya de la farándula me lo advirtió en 2015, y no le creí: “Cuando se quita el maquillaje de payaso, es un tirano cruel y despiadado, sobre todo si es jefe. Cuando es subordinado, resulta un ser cobardemente servil; se despoja de dignidad, aunque es resentido”. Fue electo como presidente democrático y no ejerció, pero en las tinieblas de la cueva le está agarrando gusto a fungir como dictador.

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