Martes 18 DE Septiembre DE 2018
Opinión

La declaración de guerra de Jimmy Morales

Lo del pasado viernes 31 no fue una conferencia de prensa, fue una declaración de guerra, fue un retorno a las dictaduras militares..

— María Aguilar
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En la Guatemala de mis tatarabuelos, el trabajo forzado impuesto por la oligarquía guatemalteca los obligó a ingeniarse maneras de utilizar el comercio para escapar del destino de servidumbre que aquejó y aqueja a la mayoría de mayas. El país de mis bisabuelos, estuvo marcado por la dictadura de Jorge Ubico y el racismo rancio aún prevaleciente en Quetzaltenango. El pequeño momento de esperanza que brindó la Revolución de Octubre fue opacado por el comienzo del conflicto armado. La Guatemala de mis abuelos trajo violencia selectiva hasta llegar al comienzo del genocidio con la masacre de Panzós, la quema de la embajada de España y 667 masacres más. La Guatemala de mi madre fue la del silencio impuesto por el terror. La Guatemala en la que nací experimentaba el ocaso de la guerra y parecía traer consigo luces de cambio y esperanza. Me volví adulta en el periodo de posguerra, en una supuesta democracia. Por lo mismo, no pensé que los procesos históricos de violencia y represión que estudié y que fueron constante en la vida de las generaciones que me antecedieron, volverían a ser una constante en mi vida y la de mi generación.

Ver y escuchar la conferencia de prensa del viernes pasado, con Jimmy Morales rodeado de la cúpula militar fue colocarme los lentes de mis bisabuelos, abuelos y padres. Este no fue un retorno a la década de 1980, este fue un viaje en el tiempo al comienzo del Estado colonial genocida. Escuchar a Morales decir “No más CICIG” fue realizar una parada en la fundación del Estado guatemalteco donde las elites buscaron proteger sus intereses, declarando “Independencia” y utilizando a los militares como su fuerza de choque. Ver a Morales rodeado de soldados fue hacer una parada en el país de Justo Rufino Barrios, en las dictaduras de Cabrera y Ubico, y pasar por el funesto gobierno de Castillo Armas, quien, junto a sus lacayos liberacionistas, las elites anticomunistas y miembros de la arcaica cúpula católica, catalogaron a toda oposición como enemigo interno.

Lo del pasado viernes 31 no fue una conferencia de prensa, fue una declaración de guerra, fue un retorno a las dictaduras militares. Sin embargo, este retroceso se comenzó a fraguar antes de que Morales –gracias al financiamiento electoral de la oligarquía guatemalteca– llegara a la presidencia. Aquí, el giro autoritario comenzó con el momento en que Otto Pérez Molina fue electo presidente. Cuando Pérez Molina –un kaibil, comandante de la base militar de Nebaj, el Quiché, departamento donde más masacres realizó el ejército y donde ejecutó genocidio– se convirtió en presidente de Guatemala, allí dijimos adiós a cualquier intento de construcción de democracia real. Allí desechamos la memoria histórica y le abrimos la puerta al pasado autoritario.

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