Jueves 15 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Salud y medicina en y Guatemala Una muestra

La salud está consagrada como un derecho humano fundamental. Pero Guatemala no es un país sano, así lo indican las estadísticas de desnutrición, mortalidad infantil, diabetes y otras enfermedades. Según una declaración del Director de la OMS: “la discriminación en el contexto dela atención de salud es inaceptable y constituye un obstáculo importante para el desarrollo”. Y precisamente el problema de la salud en Guatemala se trata de discriminación y segregación, ya que millones de ciudadanos no tienen acceso a un sistema con servicios de salud eficientes y humanos.

Al mismo tiempo que la infraestructura de la salud (hospitales) deja mucho que desear, principalmente en el nivel público que es el mayor y tendría que ser el prioritario. La salud se ha privatizado y se concentran las posibilidades de recibir tratamientos eficaces y rápidos en las personas que pueden pagar los altos costos o que tienen onerosos seguros médicos. Por otro lado la situación de los recursos humanos (personal médico y paramédico) se ve afectado por las malas situaciones laborales en el sector público de salud con los bajos sueldos y las deficientes condiciones de los centros de trabajo. Una ecuación muy negativa, de pésimas condiciones de infraestructura y personal mal pagado y sobre utilizado y por otro lado los indicadores que muestran los daños en la salud de los guatemaltecos.

La crisis del sistema tiene largos años y no se le puede endilgar únicamente al actual gobierno, pero es cierto que no han hecho nada para mejorarla o al menos paliarla y la gestión ha sido catastrófica en todos sentidos, lo que ha llevado a una profundización de los problemas estructurales de la salud en el país. Comenzaron, recién iniciado el mandato, con una campaña propagandística de medicinas vencidas o dudosas yhan seguido cometiendo error tras error en nombramientos y en la nulidad pasmosa de políticas de salud.

El conflicto entre el flamante Ministerio de Salud y los médicos, a causa de las demandas salariales y de mejores condiciones de parte de los médicos, es un fehaciente ejemplo de lo insostenible del sistema. Al conflicto con los médicos se viene a sumar la demanda de los salubristas y su sindicato pidiendo también aumentos salariales.

Los conflictos son una muestra más de la irresponsabilidad e ineficiencia del gobierno de Jimmy Morales y la falta de profesionalismo del ministro de Salud, no basta con ser médico para ser buen administrador y director de las políticas públicas en el ramo.

Una muestra palmaria de la desorientación y autoritarismo del ministro Soto fue el ataque verbal que hizo aun odontólogo que apoya la reivindicación salarial de los médicos y al cual dijo: “usted ni doctor es, es dentista”. Esta frase abusiva del ministro ha causado indignación en el gremio odontológico y en la misma Universidad de San Carlos hasta nivel de la misma rectoría. Este ministro, valga recordar, llegó al puesto sin el finiquito inicial, confirmando así la tónica de irresponsabilidad y corrupción institucional a que se ha llegado con Jimmy Morales, el ineficiente mandatario.

No hace falta investigar demasiado para constatar por testimonios, visitas, informes e información fidedigna a través de los medios serios, que la situación de los hospitales nacionales ha llegado a un extremo que constituye un riesgo para la población. Se cierran secciones esenciales por falta de recursos. A pesar de la heroica lucha de la mayoría de los trabajadores de la salud se pierden vidas y se dan tratamientos deficientes por falta de medicinas y personal.

Los hospitales públicos son para los pobres, para los que no pueden pagar lujosas clínicas privadas Y este hecho de grandes proporciones sociales constituye una marginalización y discriminación inaceptables desde la óptica civilizada basada en el valor de los derechos humanos.

Nuevamente se recalca que existe una conexión entre pobreza y mala salud. Este es un hecho universal y no solo válido en Guatemala. De ahí que la llamada Agenda 2030 aprobada por las naciones del mundo en 2015 para combatir la pobreza en su objetivo número 3 vislumbra: “garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos en todas las edades”. La Agenda 2030 desglosa con detalle las metas dentro del objetivo dedicado a la salud entre las cuales merecen recalcarse el mejoramiento del sistema sanitario y la infraestructura médica, promoverla salud física, mental y el bienestar.

También “apoyar las actividades de investigación y desarrollo de vacunas y medicamentos para las enfermedades transmisibles y no transmisibles que afectan primordialmente a los países en desarrollo y facilitar el acceso a medicamentos y vacunas esenciales asequibles”. Lo anterior reclama la necesidad de un cambio total de mentalidad.

Un giro de 360 grados que urge. La ciudadanía deberá acrecentar la conciencia social de la problemática. La sociedad civil está obligada a presionar por mejorías urgentes. Por supuesto los políticos deberían asumir su responsabilidad y asegurar un sistema institucional de la salud eficiente, no corrupto y bien financiado, lo que garantizaría la cobertura nacional.

Porque en general no hay conciencia del valor de la solidaridad y del valor de las posibilidades de lo público y de la responsabilidad colectiva e individual. El individualismo neoliberal también ha dañado la salud.La salud en el país está mal porque se convirtió en un negocio. El negocio de las medicinas y la farmacología.

El negocio de los hospitales y servicios privados para asegurarle a los ciudadanos pudientes el acceso a un sistema que debería ser generalizado pero se ha convertido en discriminatorio y exclusivo. De hecho una parte fundamental de cualquier sistema de salud como es la prevención está muy debilitado con instituciones desfinanciadas y corruptas. Prevenir para no tener que lamentar tiene una honda sabiduría como refrán popular que le calza al problema de la salud.

Prevenir es educar e informar y ofrecer desde estadios muy tempranos diagnósticos y tratamientos. Un Ministerio de Salud debería igualmente informar sobre los daños que producen el tabaco, el alcohol y el azúcar pero colosales intereses de élites oligárquicas se oponen a que haya conciencia sobre esta trilogía maligna que muchas veces se combina en el consumo desmedido y daña excesivamente la salud de los guatemaltecos produciendo diabetes, infartos, cánceres, enfermedades mentales y otras parcas que afectan individuos y familias enteras. En definitiva, la salud como derecho humano debe ser atendida por un sistema que garantice el acceso a la misma. No se trata, nunca, de medrar con la salud y acumular tesoros y riqueza a costa de la salud de los demás, vendiendo la medicina sino lo contrario convencerse, individual y socialmente, que la salud debe ser nuestro máximo tesoro.

Para que el derecho humano a la salud sea una realidad habrá que suprimir las barreras económicas d clase y élite a manera tal que todas las personas pueden tener justo y eficiente acceso a servicios de salud que idealmente, es mi visión, deberán estar anclados en buena infraestructura médica, alta tecnología y capacitación y óptimas condiciones laborales para el personal médico y paramédico.

— JAIME BARRIOS CARRILLO
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