Viernes 21 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Salvataje cuesta arriba

Acudir al discurso autoritario, es indicador de agotamiento y carencia de otros mecanismos de defensa.

— Renzo Lautaro Rosal
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Un nuevo juicio político se cierne sobre el presidente Morales. En poco más de dos años de gestión, se han presentado diez solicitudes de antejuicio en su contra, ninguno de los cuales ha procedido; pero ello no quita que aún y cuando se le vuelva a salvar desde lo político, la dimensión ético-moral la tiene perdida desde hace rato. En cualquier sociedad más desarrollada que Guatemala, un mandatario con esa acumulación de cuestionamientos y evidentes transgresiones a la ley, hace ratos estaría fuera del cargo.

La comisión pesquisidora ha sido conformada. Es previsible que su informe recomiende quitar el antejuicio (como en 2017), pero sea el pleno quien lo salve. El 11 de septiembre de 2017, solo veinticinco diputados votaron a favor de quitarle la inmunidad; ninguno de ellos conforma la actual comisión. Sin embargo, las cosas parecen ser distintas a lo sucedido hace poco menos de un año. En aquella ocasión, fueron evidentes las muestras de defensa al presidente; muchos se rasgaron las vestiduras porque aún representaba el principal operador de la lucha a favor de más impunidad. Dos semanas antes (27 de agosto), había declarado non grato al jefe de la CICIG; aunque dos días después, la Corte de Constitucionalidad le corrigió la plana. Ese envalentonamiento, con lo cual cumplía las instrucciones de los sectores retrógrados que lo habían impulsado al poder (Morales nunca fue un outsider), lo hizo ganar apoyos y aparente reconocimiento en las elites tradicionales.

A un año de distancia, el Comisionado permanece en el cargo, los apoyos políticos y financieros a su oficina se mantienen incólumes, los pro-impunidad han caído en la desesperación, ahora critican a Morales porque no pudo cumplir con el principal encargo. Encima de todo, las pruebas tras los delitos de financiamiento electoral son más contundentes que en 2017. Los propios financistas declararon ante juez que dieron los aportes y que el secretario general del partido, hoy el Presidente, les indicó que esos recursos no serían reportados al TSE. Más claro, ni el agua. Para terminar de ajustar, la nueva Fiscal General, al presentar la nueva solicitud de antejuicio, manifestó que los aportes, antes anónimos, fueron mayores a los identificados anteriormente y sirvieron para varios destinos, no solo para el pago de fiscales de mesas. Además, muchos diputados privilegian su agenda de intereses concretos, que implica mantenerse en el cargo, despejar sus posibilidades de reelección; entonces, ¿por qué defender un actor que no vale nada?

Hoy, J. Morales no tiene ningún valor; su aparente utilidad ya se agotó. Es un flipón quemado, que al exponer con vehemencia la agenda prioritaria de su mandato, quedó al desnudo, amplió sus márgenes de riesgo y ahora paga las consecuencias. No por gusto, el último comunicado de su gobierno y el discurso de sus leales, argumenta que debe terminar su gestión porque fue electo mayoritariamente; vaya planteamiento. ¿Continuar gobernando a pesar que haya cometido diversos ilícitos? Acudir al discurso autoritario, es indicador de agotamiento y carencia de otros mecanismos de defensa.

 

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