Sábado 17 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Miguel Ángel Asturias, cuéntenos de su vida

-”¡Este señor no es más que un criminal!”

— Gonzalo Asturias Montenegro
Más noticias que te pueden interesar

Muchos toman el micrófono para hablar de Miguel Ángel Asturias, pero pocos le dan espacio para que sea él quien nos cuente de su vida. Hoy cedo este espacio a Miguel Ángel, que está siempre vivo, para que nos narre algunos episodios de su vida.

El primero de ellos es el relacionado con la rendición del poderoso Señor Presidente. Asturias recuerda así ese pasaje histórico: “El día en que Estrada Cabrera se entregó, yo fui representando a los estudiantes. Iba el Cuerpo Diplomático; iban los representantes de los obreros; los representantes de los profesionales; de las mujeres que habían participado en la lucha. A mí me tocó, junto con otro compañero llamado Jorge (Adán) Serrano, ir en representación de los estudiantes. Entonces le vimos tal y como cuando iban a capturarlo, vestido de negro con un sombrero. Estaba sentado y de manera indiferente le dijo al embajador norteamericano: -¿ya es la hora? Al decirle el embajador que sí, se levantó, se nos quedó viendo a todos, pasó por delante, le seguimos y, al salir, se volvió a ver y dijo: -ya es primavera, ya los árboles están florecidos. No los había visto. Afuera había un oficial que dio orden de que presentaran armas. Pero otro oficial, llamado Rogelio Flores, que había sido víctima de Estrada Cabrera en la penitenciaría, pegó un grito enorme, y dijo: -¡No presenten armas; este señor no es más que un criminal. Estrada Cabrera hizo como que no le veía, siguió andando, llegó al automóvil, y se fue con los diplomáticos.”

¿Cuántas imágenes no recrea en nuestra mente este relato oral de Asturias de una página histórica del país?

El Dictador salió bajo la protección del cuerpo diplomático, y fue a prisión domiciliaria, en donde murió.

Ahora voy para atrás en la vida del escritor, para referir parte de los relatos orales de su partida y regreso de Salamá, y de su estancia en esa cabecera departamental, en donde se instalaron como resultado de la persecución política que sufría su padre, el licenciado Ernesto Asturias, quien había sido juez y magistrado de una corte de apelaciones.

El viaje a Salamá, de tres días y dos noches, Miguel Ángel lo recuerda así: “Salimos, recuerdo yo, de Guatemala una madrugada. Yo debía tener cuatro años. Salimos a caballo. Recuerdo esto mucho porque para mí era una cosa inusitada. Recuerdo a mi abuelo, que era hombre bajo y muy ancho de espaldas. Le recuerdo con sus espuelas de hombre de campo, muy ejecutivo. Salimos de madrugada. La Capital estaba completamente dormida. Mis padres iban en sus caballos, mi abuelo en el suyo; y a mí me pusieron en hombros de un indígena, que me llevó en la espalda. También había una recua como de cinco o siete mulas en las cuales colocaron todo el equipaje, todo lo que era de mis padres. Así salimos de la casa de mi abuela donde, como digo, la vida se deslizaba de forma sumamente agradable.”

De los muchos recuerdos que Miguel Ángel ha relatado de su estancia en Salamá, incluida su relación con el mundo indígena, recojo hoy un fragmento de realismo mágico, relacionado con el Río Orotapa, que pasaba unas cuadras abajo de donde Miguel Ángel y su familia vivían con el abuelo materno, en la casa conocida en Salamá como la del Pretil.

“De esa época de Salamá también recuerdo el Río Orotapa. Lo llamaban Orotapa porque dicen que tapa o cubre una gran veta de oro, y porque en esas zonas aparecían algunos fantasmas que se llevaban a la gente, sean figuras de mujeres o figuras de niños con gran sombrero. Se llevaban a la gente ofreciéndoles el oro, que no había que aceptar. La leyenda es así: al atardecer, uno no debe fijar mucho los ojos en el cauce del Orotapa. Si uno se le queda viendo al cauce, empieza a correr sobre la arena y entre las piedras –es río de poca agua–, empieza a correr oro. Entonces uno se acerca y quiere tocarlo, quiere llevárselo y, al agarrar el oro, el metal se solidifica, le agarra a uno de las manos y se lo lleva. A mí esa leyenda me impresionaba mucho y me decía que iba a esperar la tarde y me iba a quedar mirando a ver si me llevaba….”

Como se ve, el relato anterior es increíble porque está lleno de fantasía surrealista.

El regreso de Salamá a la Nueva Guatemala de la Asunción, que tuvo lugar el 18 de enero de 1908, cuando Miguel Ángel tenía ocho años, se debió a que los padres de Miguel Ángel deseaban que tuviera una mejor educación, que no la ofrecía en ese momento Salamá. Asturias, en un escueto relato, lo recordará así: “Recuerdo que precisamente que llegamos el día en que se celebraba la llegada del ferrocarril del Norte a Guatemala. Había muchos arcos, mucha fiesta y fue la primera vez que vi fuegos artificiales que me pasmaron.”

Cuando uno observa tantos problemas en nuestra afiebrada Guatemala, es un buen elixir leer literatura o historia, aunque eso sea, en alguna forma, un opiáceo. En los siguientes artículos, retomaré la actualidad chapina.

Los relatos anteriores los tomé del libro Conversaciones con Miguel Ángel Asturias de Luis López Álvarez, como un homenaje hoy, aunque sea pequeño al insigne escritor, que es un referente nacional.

gasturiasm@gmail.com

Etiquetas: