Viernes 21 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Irlanda dijo sí

“No hay dos clases de católicos. Y los irlandeses no viven en el pecado”.

— Miguel Ángel Sandoval
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En mayo de este año, Irlanda un país que se define católico en un 78 por ciento votó en favor del aborto con un porcentaje de 66 por ciento. Un hecho de alcance mundial por la forma en que se realizó. En pocas palabras, un referéndum con masiva participación. Es la ocasión número 21 desde 1996 que se realizan consultas democráticas sobre temas de interés nacional. El primero sobre el divorcio que fue aprobado. El 23 de mayo de 2015 se aprobó el matrimonio igualitario. Ahora fue el turno del aborto. Creo que los católicos de Guatemala tienen mucho que aprender de los católicos irlandeses.

El tema llego para quedarse. La época cuando se hacía el aborto en silencio, en secreto, pasó a la historia. Ahora se quiere legalizar esa práctica en beneficio de la salud pública. Es obvio que ello debe ir aparejado con una amplia educación sexual, sobre los métodos anticonceptivos, sin que falte en ello los derechos de las mujeres, o el matrimonio igualitario. Es un paquete completo al cual como sociedad le hemos cerrado los ojos de forma bastante hipócrita, hay que decir.

Se puede estar en contra o a favor, pero no se puede dejar de apreciar el importantísimo resultado en el referéndum de Irlanda. En esta ocasión, uno de los derechos sociales más cuestionados por la fe, ha tenido en las urnas un voto mayoritario, amplio, categórico. No hay tacha que poner al voto de la sociedad católica irlandesa. También hubo voto favorable de la minoría protestante.

Se puede argumentar que aparte son los europeos y aparte somos nosotros. Y ese puede ser el argumento que se utilice en nuestro país para tratar de desconocer el resultado de un ejercicio absolutamente democrático. Sin embargo habría que recordar que el catolicismo en nuestro país viene precisamente importado de Europa, mejor aún, impuesto por la conquista. De donde el argumento en cuestión no tiene mucho valor. Ello debe saberlo el Arzobispo.

En otro orden de ideas, quienes votaron por el sí en Irlanda, no lo hicieron manipulados por los comunistas o por las feministas, ni por los ambientalistas o los terroristas, las nuevas y viejas bestias que los conservadores de nuestro país quieren sepultar acudiendo a llamados de la fe, del cielo y el infierno, y de esos miedos realmente fuera del ordenamiento democrático y sus usos y costumbre.

Finalmente no hay dos clases de católicos. Por un lado los europeos y por otro los guatemaltecos. Así como tampoco hay dos democracias. La europea y la guatemalteca. Por ello es necesario que los argumentos en favor o en contra se afinen pues no pueden estar permanentemente anclados en la fe, que, como vemos, no es suficiente para detener a una sociedad que quiere ser favorecida por un derecho social realmente democrático. Es el caso de Irlanda en la actualidad.

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