Viernes 16 DE Noviembre DE 2018
Opinión

El fracaso de la institucionalización

Pretender institucionalizar una empresa sin compartir el poder, es algo que degenera en burocracia.

— Carlos A. Dumois
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La mayoría de las nuevas empresas jamás llegan realmente a despegar. Muy pocas de ellas alcanzan a validar una fórmula de negocio que tenga potencial de generación de valor. Pero una vez que el empresario ha encontrado la manera de cautivar clientes y operar con rentabilidad, el reto que sigue es el de la multiplicación.

No podemos aspirar a multiplicar ningún esquema de negocio en una escala interesante sin construir las bases de la sinergia organizacional, que son tres: una querencia fuerte y poderosa sobre el futuro a construir, compartida por los líderes de la organización; una fórmula de gobierno que capitalice los talentos de esos líderes y que optimice las condiciones de gobernabilidad; y un esquema de propiedad que facilite el liderazgo en el ejercicio del rol de dueño. La mayoría de los proyectos encaminados a institucionalizar una empresa se basan en tres pilares: diseñar una estructura humana clara y subsidiaria, crear los sistemas de información y control que sustenten el orden interno, y contratar a los directivos clave que hagan funcionar las dos cosas, la estructura y los sistemas.

Estas tres medidas son, a la hora de la verdad, solo la forma que adquiere el proceso de transición. Pero la diferencia se encuentra en el fondo, no en la forma, de este proceso. Y el fondo gira en torno a la dinámica del ejercicio del poder. Es ahí donde se gesta el avance hacia una organización que no dependa de estrellas para seguir creciendo y creando valor. Quisiera contarles una historia más bonita, pero la verdad es que las miles de empresas que se entrampan en su crecimiento lo hacen porque sus líderes no aprenden a compartir el poder.

El poder se comparte solo cuando el éxito es tarea y mérito de todos. Lograr que los equipos humanos resuelvan por cuenta propia su presente y su futuro, no es algo fácil. Hacer buenos productos, desarrollar buenos clientes, operar eficientemente y con calidad ¡juntos! … esa es la clave.

La autonomía en la capacidad de crear valor es el fundamento de la institucionalización. La autoría del logro y de los avances tiene que ser de nuestra gente, no de nosotros, para que la institucionalización ocurra. Definir organigramas, describir puestos, establecer procesos, escribir manuales, fijar políticas, crear sistemas, contratar gerentes; todo esto es parte de esa forma del proceso institucionalizador.

Pero el fondo del asunto es de liderazgo. Se trata de integrar, formar y guiar a nuevos líderes por el camino de la autonomía. Saber escuchar, dialogar, analizar, decidir juntos. Y luego establecer compromisos y darles seguimiento.

Confianza y respeto son dos factores vitales al aprender a compartir el poder. La gente no crecerá sin la dosis adecuada de estos ingredientes.

Los ingredientes formales de la institucionalización (organigramas, puestos, sistemas, políticas, manuales), sin el fondo del proceso (diálogo, confianza, respeto, autonomía, compromiso mutuo, poder compartido), solamente generan un resultado: burocracia. La empresa, otrora ágil y flexible, que rápido aprendía los nuevos caminos de negocio, se atora en un pantano de gastos crecientes, lentitud e ineficacia.

La institucionalización se traduce en personificación. En la empresa que se institucionaliza cada quien ha de encontrar su propio camino de crecimiento detonando su productividad personal. Si esto no ocurre, la sinergia no se dará, y la burocracia manifestará el fracaso del proceso. Las empresas se institucionalizan por vías de contar con personas, no de depender de estrellas; por vías flexibles de hacer realidad la querencia común; por vías de aportación de talentos, no de vigilancia de defectos; por vías de maximizar el avance y, si se puede, de minimizar el conflicto.

Las verdaderas causas de estos fracasos apuntan a la falta de liderazgo del empresario, a su afán de seguir siendo el protagonista del éxito y a su incapacidad de multiplicar el poder. Lo demás son circunstancias.

c_dumois@cedem.com.mx / http://www.cedem.com.mx / Carlos A. Dumois es Presidente y Socio Fundador de CEDEM.

* “Dueñez®” es una marca registrada por Carlos A. Dumois.

 

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