Sábado 20 DE Julio DE 2019
Opinión

Ausencia de desarrollo económico

A la luz de esto, cabe preguntarse qué tanto puede depender el crecimiento a largo plazo de un país en factores que no controla en lo más mínimo.

Fecha de publicación: 28-08-18
Por: Hugo Maul R.

La promesa del crecimiento económico sostenido sigue siendo un reto pendiente para la economía guatemalteca. La transición hacia una economía industrializada o de servicios ha sido un proceso lento; a pesar de ello, durante los últimos cincuenta años se han logrado avances notables en la diversificación productiva del país y de la oferta exportable. No obstante, estos cambios en la estructura productiva no se han traducido en aumentos significativos y sostenibles en las tasas de crecimiento económico del país. Un rápido vistazo a la evolución de la tasa de crecimiento económico del país durante el último medio siglo permite reconocer la ausencia de una tendencia definida de crecimiento a largo plazo, a no ser por el periodo que va de mediados de los años noventa hasta nuestros días, en donde la característica principal es la fluctuación de esta tasa alrededor de niveles ligeramente superiores al tres por ciento anual. Variaciones que, a grandes rasgos, se explican en función de perturbaciones de origen externo.

En general, desde el colapso del Mercado Común Centroamericano a principios de los años ochenta, con su clara orientación al desarrollo de la industria sustituidora de importaciones, desde ese entonces no ha existido en Guatemala una estrategia de desarrollo económico integral. Durante la Década Pérdida, como ha dado en llamarse al periodo que se extiende de principio de los años ochenta a principios de los noventa, como era de esperar, todo el énfasis se puso en la estabilización económica más que en el desarrolllo a largo plazo. Una vez superado este periodo de transición, a no ser por la apuesta que hicieron los distintos gobiernos de turno por la apertura económica y la negociación de tratados de comercio, se ha carecido de un conjunto de políticas públicas sostenidas en el tiempo dirigidas a propiciar la transformación productiva del país, acelerar la tasa de crecimiento económico, generar crecientes oportunidades de empleo formal, promover inversiones en sectores estratégicos, modernizar la infraestructura y fomentar la innovación, investigación y desarrollo.

Si bien cada gobierno que ha llegado al poder ha intentado hacer algo de esto, la constante ha sido la fragmentación de los esfuerzos, la falta de coherencia entre las medidas que se adoptan y la corta duración de la mayoría de los esfuerzos en cualquiera de estos campos. A la luz de esto, cabe preguntarse qué tanto puede depender el crecimiento a largo plazo de un país en factores que no controla en lo más mínimo, como sucede en este momento, para mal, con los precios de los principales productos de exportación y, para bien, con el buen momento de la economía estadounidense. La respuesta a la pregunta anterior sale sobrando; si a estas alturas no se ha comprendido la importancia de una estrategia de desarrollo económico a largo plazo, correctamente definida y puesta en práctica, tal vez nunca se hará.