Jueves 20 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Este mes hace 50 años, murió a tiros el Embajador de Estados Unidos en Guatemala

Estamos repitiendo hoy el escenario de hace 50 años.

— Gonzalo Asturias Montenegro
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El de 1968 fue un año muy agitado porque en él se desarrollaron los movimientos de La Primavera de Praga y del Mayo Francés; en México tuvo lugar la Masacre de Tlatelolco; en tanto que en Guatemala ocurrió el asesinato del Embajador de Estados Unidos, John Gordon Mein, en medio de la guerra civil, cuyos escenarios estamos repitiendo hoy, como veremos puntualmente.

En 1968, el país se desangraba en una lucha feroz entre la guerrilla, por un lado; y el gobierno y sus cuerpos de seguridad como el ejército y las policías, por el otro. Pese a que los guerrilleros ya habían asesinado a dos asesores militares de Estados Unidos, que formaban parte del cuerpo diplomático de ese país en Guatemala, el Embajador norteamericano no tomó la precaución de andar en auto blindado con guardaespaldas, sino que confiado decidió caminar solo, sin mas compañía que la de su piloto. A las tres y media de la tarde del 28 de agosto de 1968, en la Avenida de la Reforma, dos vehículos le cerraron el paso al Cadillac negro en el que iba el Embajador Mein. El objetivo del comando guerrillero (se conocen los nombres de los autores materiales e intelectuales del crimen, uno de los cuales tiene hoy una activa militancia política en la izquierda) era el de secuestrar al Embajador, para luego canjearlo por el dirigente guerrillero capturado Camilo Sánchez. Pero como ocurre en los hechos violentos, los eventos se salieron de madre: el Embajador, para resistir a su secuestro, bajó del auto, y salió corriendo, ante lo cual un miembro del comando guerrillero secuestrador le disparó y lo mató. El cadáver del Embajador quedó tendido al pie de la estatua de Lorenzo Montúfar.

Casi dos años después, el 5 de abril de 1970, el grupo guerrillero FAR secuestró en la Avenida de las Américas, frente al monumento a Cristóbal Colón, al embajador de Alemania Federal, Karl von Spreti. Por su liberación, los secuestradores pidieron setecientos mil dólares y la liberación de 22 guerrilleros capturados. El gobierno respondió que el organismo ejecutivo no podía inmiscuirse en los asuntos del organismo judicial, en donde algunos guerrilleros eran juzgados, en tanto que otros ya habían recibido sentencia condenatoria.

La respuesta inmediata de las FAR fue el asesinato a sangre fría de Von Spreti, cuyo cadáver fue encontrado cinco días después de su secuestro en unos matorrales camino de San Pedro Ayampuc. Posteriormente, el canciller guatemalteco, Alberto Fuentes Mohr, entregó a la familia del embajador alemán asesinado, a título póstumo, la condecoración de la Gran Cruz de la Orden del Quetzal.

Años después, un tercer embajador, el de Nicaragua, fue asesinado por las fuerzas guerrilleras.

El asesinato del Embajador de Estados Unidos viene a colación, porque considero que estamos repitiendo el escenario de la guerra. Veamos. Algunos extremistas de derecha irrumpieron en una conferencia de prensa del comisionado Iván Velásquez y de los magistrados del Tribunal Supremo electoral, quienes tuvieron que ser evacuados, todo ello al mejor estilo de como lo hacía la izquierda guerrillera durante la guerra civil. Un segundo hecho, entre muchos que se pueden citar, es el del reciente secuestro del Alcalde de Coatepeque. El gobierno accedió de inmediato a las peticiones más importantes de los secuestradores, en una mesa que no fue de diálogo sino de rendición. Pero, entre tanto, ya han sido asesinados en solo tres meses ocho líderes de Codeca (Comité de Desarrollo Campesino) y del  CCDA (Comité Campesino del Altiplano). En donde se dice, secuestro del Embajador de Estados Unidos, yo también leo, secuestro del Alcalde de Coatepeque; y en cuanto a los objetivos de ambos secuestros, yo leo la liberación de un guerrillero capturado por el gobierno, y la liberación de la energía eléctrica, para algunas poblaciones en resistencia al pago de la luz eléctrica. ¡Hay semejanzas increíbles!

Pregunto: ¿qué lograron los guerrilleros con los asesinatos de los embajadores de Estados Unidos, Alemania y Nicaragua? Absolutamente nada. La vida siguió igual. ¿Qué logran los asesinos de los ocho líderes campesinos, a no ser el de enviar un mensaje intimidatorio? Nada. Todo seguirá igual. Pero, ojo, la violencia llama a violencia.

Yo especulo que a los pilotos del transporte pesado les sobran ganas de matar a líderes de Codeca, Cuc, CCDA que, con sus retenes, les impiden ganarse el sustento. Y así empieza la espiral de violencia; así fue creciendo el conflicto armado interno o guerra civil; así se fueron saliendo las cosas de las manos, sin que nadie supiera hasta dónde habrían de llegar las agresiones. Por lo demás, la limpieza social que se realiza “con éxito” en los países vecinos de El Salvador o Nicaragua (ambos gobernados por exguerrilleros) estaría otra vez sentando sus reales en Guatemala, lo cual no es una conjetura sin base. ¡Y con todo ello, nadie gana; todos perdemos! Con la violencia no hay ganadores sino solo perdedores. ¡Hay luto y destrucción del tejido social! Y la violencia llama violencia.

Concluyo diciendo que los columnistas de izquierda condenan el asesinato de los líderes campesinos, pero no el secuestro del Alcalde de Coatepeque; y los pocos columnistas de derecha, lo contrario. Yo condeno, por igual, a ambos, porque los dos nos llevan al despeñadero. Por ello urge que los intelectuales guatemaltecos, que tengan dos dedos de frente (sin importar si son de derechas o de izquierdas), piensen y actúen con el espíritu de 2015, que no es de secuestro ni de asesinatos, sino de diálogo y entendimiento, y de promoción de una ansiada y jamás lograda cultura de paz. Si vis pacem, para te exclamó Raimon Panikkar, que se traduce por Si quieres la paz prepárate para ella. ¡Nada nos es dado de gratis! ¡Preparémonos para la paz o preparémonos para la guerra!

gasturiasm@gmail.com

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