Domingo 24 DE Marzo DE 2019
Opinión

¿Incierto futuro?

El reto es construir un nuevo paradigma.

— Mario Mérida
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Tímida y discretamente se principia a escuchar de candidatos y proyectos políticos. Pareciera que hay temor o expresado de manera contundente existe pánico de ser destruido por una corte popular anónima, que condena por medio de una red de netcenter contratados para anular a cualquier oponente.

El escenario es altamente propicio para que cuaje cualquier desinformación o rumores. No necesitan que el mensaje tenga algunos tintes de verdad, tampoco es necesario seleccionar un público objetivo; el morbo es tanto que cualquiera reenvía lo que le llega y quien por cualquier razón no lo hace le llegará nuevamente con un rótulo diferente.

Sobre la democracia escucharemos o leeremos poco. La mayoría entiende que esta -la democracia- consiste en asistir a votar cada cuatro años por un sin número de desconocidos agrupados en siete u ocho papeletas, es como jugar lotería gratis, con la diferencia que gane quien gane, el elector al final siempre perderá… no hay premio, quizás un pequeño beneficio.

Frecuentemente, nos preguntamos si el ciudadano conoce las diferencias entre derecha, izquierda y su variedad de matices -extremas, centros-; seguramente no. No entraré a definir el significado de ambas ideologías, sino cito el siguiente párrafo, que me parece suficientemente explicativo: “La izquierda quiere desarrollo social y la derecha quiere crecimiento económico tan pronto como sea posible, sin importar el costo para lograrlo. Alcanzar fines por cualquier medio. Una visión por demás cortoplacista y mezquina” (elPeriódico. Paul Boteo, Sociedad de Plumas. 22-07-18).

Tomando como referencia lo citado anteriormente, talvez deberíamos apostar por un sincretismo derecha e izquierda materializados en un social liberalismo guatemalteco, como un nuevo paradigma. El social-liberalismo fue propuesto por Villareal (Temas de nuestros tiempos. México. 1992. p.62), como respuesta al planteamiento de que “… la crisis del socialismo real, no ha resuelto el papel del mercado y la función del Estado en el desarrollo y que no hay validez en una inferencia lógica que consiste en pensar que, porque uno murió, el otro está perfectamente sano -el liberalismo-. Él explica que el social-liberalismo, “es la constitución de un sistema económico con un nuevo papel del Estado y el mercado, que remonta el falso dilema entre el laisser-faire y el intervencionismo estatal…”. ¿Se puede intentar? Partiendo que todos desean lo mejor para Guatemala.

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