Miércoles 14 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Enfoque: Ahora descubren que la LEPP es un mamarracho

La reforma de la Ley Electoral –que pudo cambiar el rumbo del país– no se hizo ni con la cabeza, ni con el corazón… se hizo con perversidad..

— Gonzalo Marroquín Godoy
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A finales de mayo de 2016, el presidente Jimmy Morales convocó a una treintena de personas –representantes casi todas de instituciones–, entre los que se me incluyó, seguramente porque la revista Crónica fue muy crítica hacia las reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos (LEPP), que los diputados habían aprobado, dizque para mejorar el sistema de partidos políticos.

En esa reunión –que ya una vez comenté en un Enfoque anterior–, había representantes de “tanques de pensamiento”, cooperativas, organizaciones de la llamada sociedad civil organizada, y la Usac, entre otros. El presidente Jimmy Morales había dado declaraciones a la prensa indicando que estaba pensando vetar dichas reformas, por lo que buscaba argumentos para hacerlo o no.

Éramos 31 personas. Una a una fueron expresando sus puntos de vista y cada quien daba una breve conclusión. Las frases se repetían casi iguales, indicando que “no son las reformas ideales, pero al menos hay mejoras” –palabras más, palabras menos–. Yo escuchaba cada intervención y no comprendía cómo tantos líderes de opinión pensaban que “lo menos malo” podía ser suficiente para un país enfermo que requiere tratamiento intenso para superar el cáncer que es el sistema político. Todos le dijeron al Presidente que no vetara las reformas.

Cuando llegó mi turno –fui el penúltimo en hablar–, expresé que la reforma me parecían un mamarracho. Si, porque no tenía la formalidad y profundidad que el país necesita para cambiar su sistema político ¡de verdad! Que si bien había mejoras, lo cual no era difícil viendo como ha sido nuestra LEPP desde mucho antes, las reformas no eran ni suficientes, ni las más adecuadas.

La gran mejora se enfocaba en el financiamiento igualitario de la publicidad, tomando en cuenta que ese rubro sería pagado por el propio TSE. Esa parte parecía bien, pero con una redacción más que enredada y sin contemplar todos los aspectos que ahora son objetados e incluso están impugnados ante la CC.

Mi punto de vista iba más allá. La reforma no crea democracia interna en los partidos políticos y no se fortalece adecuadamente al TSE. Tampoco contemplan la elección personalizada de diputados y se deja a los comités cívicos en franca desventaja ante los partidos políticos. Esto entre otros aspectos.

Mi postura fue que el Presidente debía vetar la Ley y se debía trabajar en una que sí tuviera la fuerza para cambiar el rumbo político del país. Obviamente fueron 30 votos contra uno –no había votos en realidad–, y Jimmy Morales tomó el cómodo camino de no vetar aquel mamarracho.

Se dijo entonces que se trabajaría en una segunda generación de reformas, las cuales siguen discutiéndose en el Congreso y me temo que no estarán listas a tiempo, pero además, han sido tan manoseadas, que lo único que lograrían sería hacer más grande el mamarracho. No hay que olvidar que la mayoría de diputados trabaja activamente para mantener viva la vieja política, esa misma que vive de las transas y la impunidad, esa misma que se alimenta de partidos políticos que existen únicamente para ser vehículos electoreros, sin ser interlocutores entre la sociedad y el poder político, tal como debieran ser –entre otras cosas, por supuesto–.

No creo que todos los entuertos que provoca la LEPP los hayan hecho a propósito los diputados, porque significaría que tienen –en su conjunto– gran visión e inteligencia (¿¿??), aunque sea perversa. Pero no, pienso que son una mezcla de mala fe e incapacidad de los legisladores, quienes han metido en camisa de mil varas al TSE, que poco a poco se convierte en una institución blanco de críticas y que verá desgastada su muy necesaria credibilidad.

En lo que no fallaron los diputados fue en lograr que no se moviera demasiado el sistema de partidos políticos y pudiera mantenerse –en gran medida–, el statu quo imperante. Aquellos 30 líderes tenían razón en que había “algunas mejoras”, pero se equivocaron en bajar los brazos como sociedad y permitir que los diputados nos impusieran una ley mediocre. Del presidente Morales no extraña que no la haya vetado, pero si fue lamentable ver el conformismo homogéneo representado en aquel grupo de distintas corrientes de pensamiento.

Qué triste pensar que mientras volvemos a debatir sobre una ley mamarracho, en el país, las cosas verdaderamente de fondo –combatir la pobreza, la desnutrición, mejorar la salud y educación, etcétera– siguen sin ser atendidas adecuadamente e incluso sobre ellas, ni debate hay.

 

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