Lunes 24 DE Septiembre DE 2018
Opinión

El hambre: Una enfermedad social crónica

“Pienso que un país pequeño como el nuestro necesita un Estado vigoroso, que vaya para adelante y funde cosas”. José Mujica..

— Edgar Balsells
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Cuando vi las gráficas difundidas en las redes sobre un reportaje de Prensa Libre, del pasado Domingo, no me imaginé que había sido escrito por la propia representante del Banco Mundial en Guatemala, Homa-Zahra Fotohui. Se trata de una acción atrevida pues la gran cooperación internacional que opera en Guatemala se mueve entre bambalinas y en los corrillos muy oficiales.

Lo cierto es que la nota tiene un aire trascendente, pues pareciera que se trata de ponerle un sello final a las propuestas ortodoxas del Ajuste Estructural que el propio Banco Mundial y el BID estuvieron impulsando con fuerza a partir del gobierno de Jorge Serrano Elías. Estas propuestas fueron tan fuertes en el país que sus implementadores internos, todos ellos y ellas tecnócratas muy conocidos, hoy ya con canas y medio retirados, aún no han actualizado sus libros, y siguen leyendo a Sebastián Edwards, más que a Daron Acemoglu y los autores recientes de la gobernanza global que la nueva comunidad financiera internacional viene acuñando, incluso el propio Fondo Monetario Internacional, que ha cambiado su discurso para estos países.

La autora de la nota nos coloca con la medalla de oro de la desnutrición crónica de América Latina (2017), muy por arriba de Bolivia, Ecuador y Perú, países con los que nos comparaban hace algunas décadas por tener un vasto Altiplano, poblado con habitantes originarios y milenarios que antes de la Conquista ya tenían colectivos y culturas ejemplares, y si no que lo digan Macchu Pichu, Cancuén, El Mirador o Tikal.

Municipios enteros del Altiplano, Las Verapaces y el Corredor Seco tienen una población mayoritaria de niños con un desarrollo  inadecuado, con menos aptitudes físicas, cognoscitivas y emocionales, con baja estatura, que no siempre se refleja en bajo peso. Además de dañar el cuerpo, la desnutrición afecta el cerebro, indica la escribiente: “la razón es que desde el tercer trimestre del embarazo y hasta comenzar el tercer año de vida, un millón de sinapsis se forman cada segundo en el cerebro de un niño”.

Lo sorprendente es que puedo apostar que esta nota no causará motivación constructiva de plática diaria en los TV-Radio programas guatemaltecos, más preocupados en la coyuntura político-judicial, que también motiva a la mayoría de columnistas.. Y es más, de acuerdo a la mentalidad colectiva de la indiferencia, las realidades son otras, pues en la Radio del lunes los comentaristas deportivos anuncian que en el Fútbol Jocotán le ganó dos a cero a los pupilos del bien nutrido Alcalde de Mixco. Además aparecen en primera plana los deportistas triunfadores de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, recientemente celebrados en Barranquilla.

Bien valdría la pena hacer un análisis sobre el deporte federado y olímpico guatemalteco y los miles de niños y jóvenes con hambre. Estoy seguro que saldrían múltiples paradojas muy contradictorias para los dirigentes deportivos federados y olímpicos del medio. Y ello para citar tan solo un ejemplo de esa enfermedad social crónica del hambre que, como varias de su corte, carcomen por dentro sin saberlo ni sentirlo uno.

 

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