Sábado 20 DE Julio DE 2019
Opinión

Sobreprecios y comisiones oscuras, unas prácticas a erradicar

Toda sociedad es reflejo de sus normas de comportamiento.

Fecha de publicación: 20-08-18
Por: Richard Aitkenhead Castillo

El frecuente deseo de buscar atajos, de lograr ventajas con lo que llamamos culturalmente “ser vivos” es una práctica a erradicar, no una cultura a ensalzar. La percepción general sobre los proveedores de bienes o servicios al sector público es que cotizan con sobreprecios con relación al valor de mercado. En el camino, además, miran si pueden reducir la cantidad a ser entregada o la calidad del producto, típico en los medicamentos y compras de suministros, o hacen acuerdos para subir la factura por cualquier motivo, típico de las obras de infraestructura. Lo que implica que en el sector público, los bienes y servicios salen costando el triple de lo que cuestan en el mercado local privado. Los que lo hacen se consideran “vivos” cuando son tramposos, corruptos y mezquinos con el resto de  conciudadanos. El problema es que poco les importa, porque hay muy poco castigo social hacia los “vivos”.

Este problema  nace en el sector público pero se ha ido trasladando a todo el sistema económico, sin ninguna justificación, haciendo más frecuente encontrar a ejecutivos que cobran comisiones en la adquisición de bienes o servicios estando al servicio de una empresa. Es inadmisible y socialmente muy peligroso. Es romper con valores de lealtad, honradez y transparencia. Es adaptar lo sucio de la política a lo cotidiano; es volver común, lo inaceptable.

Este problema de comportamiento debe erradicarse desde el hogar y la escuela. Desde el estudiante que se siente “muy vivo” por no hacer las tareas y copiar en el examen. Del que se burla de aquellos que respetan las normas. Del que aprende a no pagar sus facturas, de aquellos que siempre se buscan colar en las filas. Los que no cumplen las leyes, las bordean o evaden para sacar ventajas. Son el conjunto de malos hábitos que llevan a que en la sociedad se acepte el enriquecimiento ilícito, las violaciones a la ley y se practique el beneficio individual aún cuando sea a costa del bienestar nacional.

Toda sociedad es reflejo de sus normas de comportamiento. De sus valores puestos en práctica, no de los que se escriben en un papel y no se cumplen. Es un tema de establecer incentivos adecuados, castigar comportamientos errados, enseñar respeto a los semejantes y tener sentido de lo correcto e incorrecto. Es evidente que la corrupción es un lastre que aqueja a nuestro país, ejemplo también de los valores equivocados que, en general, se están transmitiendo a los niños y jóvenes. El mal es mayor en el sector público pero ya no es ajeno al sector privado o a las organizaciones de la sociedad civil. Es una realidad inobjetable: Guatemala requiere una limpia en temas de corrupción, independiente de la confrontación y descalificación que mantienen partidarios y detractores de la manera de proceder en CICIG y en el MP. Es tiempo de exigir transparencia y exigir cambios, antes que sea demasiado tarde.