Viernes 16 DE Noviembre DE 2018
Opinión

La tumba de los “proyectos políticos progresistas”

Pienso en la urgencia de otro Estado al presenciar el derrumbamiento político de Guatemala.

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Mi profesor de política durante la licenciatura se formó con Guillermo O’Donnell -politólogo especializado en estados autoritarios- en sus clases aprendí que los estados son producto de procesos históricos, que están en constante fase de construcción y reconstrucción. En Guatemala, la necesidad de atreverse a refundar el Estado actual es válida ante el proceso histórico que vivimos, que va más allá de la lucha contra la corrupción y que tiene como eje central reparar un país destrozado, como consecuencia de siglos de invasión, despojo y destruido por un genocidio que fue ejecutado con una violencia estatal desgarradora. Todo bajo el consentimiento de un sistema legal diseñado para beneficiar solo a elites, sean económicas, políticas o militares.

Luego de siglos de opresión, inequidad y violencia es urgente desde las juventudes, atreverse a tejer un Estado distinto, que sirva a las mayorías, que encare las desigualdades estructurales de raza, clase, género, ubicación entre otras, que afectan a Guatemala. Basta de enfocarse en soluciones superficiales basadas en multiculturalismos neoliberales que colocan a indígenas serviles en algunas posiciones solo para convertirlos en marionetas sin que aporten mínimamente a sus pueblos. El proceso es similar con mujeres o jóvenes, a quienes se les otorgan espacios sin acompañamiento crítico, por eso, terminan cooptados, manipulados y eventualmente integrados al sistema corrupto que rige Guatemala.

Para esto es necesario aprender que los Estados no son homogéneos sino que contienen variaciones por la composición étnica o regional de cada uno, lo que demanda un enfoque social, económico y de desarrollo diseñado de manera específica.  Ante esto, es crucial entender que este es un país indígena y que hablar del bienestar de pueblos indígenas no es parte de una agenda “india” sino una política de un país diverso como Guatemala. Por eso, la resistencia a aprender, abordar e integrar temas de raza y etnia al Estado, será la tumba de los “proyectos políticos progresistas”, incluidos los moderados, así como lo fue de algunos sectores de izquierda y los convertirá en uno más de los múltiples intentos políticos ladinos fallidos.

Aquí, el primer obstáculo es el rechazo a creer que es posible soñar, diseñar y construir un Estado distinto. Pienso en la urgencia de otro Estado al presenciar el derrumbamiento político de Guatemala. Y es allí donde no deja de sorprenderme cómo la propuesta de cambiar estructuras es rechazada como ilógica e impráctica por sectores progresistas, al mismo tiempo, que ellos mismos enfrentan las ridiculeces, opresiones o abusos de quienes ejercen actualmente el poder, está claro que están dispuestos a aguantar cuando es la derecha y los militares los que están al frente, una evidencia más de su racismo histórico.

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