Lunes 19 DE Noviembre DE 2018
Opinión

¿Señales de los tiempos?

Habrá que reflexionar seriamente sobre las consecuencias de la desacralización radical de la religión.

— Roberto Blum
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En el estado norteamericano de Pensilvania un gran jurado emitió esta semana un detallado reporte sobre el abuso sexual a más de mil niños, cometidos por unos 300 sacerdotes católicos, durante setenta años, en seis de las diócesis que pertenecen a dicho estado. La reacción ha sido inmediata. El Vaticano declaró: “Los abusos descritos en el informe son actos criminales, moralmente reprensibles; esos hechos fueron verdaderas traiciones que robaron a los sobrevivientes su dignidad y su fe. La Iglesia debe aprender lecciones duras de su pasado y exigirle responsabilidad tanto a los abusadores como a los que permitieron que ocurrieran tales hechos”.

El reporte del Gran Jurado ha abierto sin duda una verdadera caja de Pandora en la Iglesia católica. Por ejemplo: se encontró que los archivos de las seis diócesis investigadas contenían un patrón de estrategias que eran prácticamente un libro de jugadas para ocultar la verdad. Si un sacerdote abusaba de los menores, muchas veces se le permitía conservar su empleo y su estipendio, y solo se le transfería a otra posición o a otra jurisdicción. Asimismo se descubrió que “se aconsejaba al párroco o a las autoridades eclesiásticas que no llamaran a la Policía y manejaran las reclamaciones como si se tratara de un asunto de personal”. Mientras tanto, algunos de los jerarcas de la Iglesia, que protegían a los sacerdotes depredadores, seguían escalando niveles en la jerarquía eclesial.

Hoy se escuchan voces, cada vez más numerosas, que piden que los responsables del ocultamiento renuncien a sus altos cargos y sean justamente castigados, sin excluir a quienes en el Vaticano detentan o detentaron los cargos más elevados: obispos, arzobispos, cardenales e incluso papas, que cerraron sus ojos e hicieron oídos sordos, ante el clamor creciente de una grey atropellada y profanada.

Sin embargo, tras las reacciones de la sociedad frente a tan terrible escándalo institucional, parece abrirse un profundo cambio de paradigma social: La religión, institucional o personal, parece estar desacralizándose. Mircea Eliade nos dice: “El homo religiosus cree siempre que hay una realidad absoluta, lo sagrado, que trasciende este mundo, pero que se manifiesta en él, y por eso mismo lo santifica y lo hace real; en cambio, el hombre arreligioso rechaza la trascendencia, acepta la relatividad de la realidad, e incluso llega a dudar del sentido de la existencia”. Todo, pues, en este paradigma se debe evaluar y juzgar en términos de la funcionalidad profana.

Parece obvio que la sociedad y la Iglesia actual, respondiendo al escándalo de la pederastia clerical descubierta en el universo religioso cristiano, exige una respuesta inmediata en el mundo profano y no en el ámbito intemporal de lo sagrado. Habrá que reflexionar seriamente sobre las consecuencias de la desacralización radical de la religión.

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