Lunes 19 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Enfoque La balanza de la Justicia no deja de balancearse

La lucha contra la impunidad mostró avances y ahora hay indicios de retrocesos preocupantes… y puede empeorar la situación.

— Gonzalo Marroquín Godoy
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Si quieres la paz, trabaja por la Justicia. Esta frase la dijo el papa Paulo VI en 1971 en ocasión de las Jornadas de Paz que se celebraron aquel año, y vaya si no está llena de sabiduría. Desde el mundo primitivo, pasando por el antiguo, hasta llegar al mundo de hoy, es claro que no se puede encontrar paz en un sociedad en donde no hay Justicia, en donde se imponen los poderosos y corruptos sobre aquellos que quieren una convivencia pacífica en un marco de respeto.

En Guatemala, aquella figura de la Justicia –la esbelta mujer con los ojos tapados y una balanza en sus manos–, ha sufrido a lo largo del tiempo, porque el sistema sobre el que debe sostenerse ha resultado, casi siempre, un campo de arena movediza en el que es más fácil hundirse que salir a flote. El resultado de tener un sistema de justicia disfuncional, es tener un gigantesco marco de impunidad que es aprovechado por aquellos que no respetan los principios democráticos, las libertades y derechos humanos y, en general, pisotean el Estado de Derecho que debe prevalecer en una sociedad que desea paz y desarrollo.

Los dos sistemas determinantes para el buen funcionamiento de la democracia son el político y el de justicia. En Guatemala, lamentablemente, ambos muestran gigantescas deficiencias, causantes del caos –permanente– en que vivimos. Políticos y operadores de justicia corruptos son la peor combinación que puede haber, causante de la injusticia social, inestabilidad, ingobernabilidad, confrontación y muy cerca de lo que se puede calificar como Estado fallido.

El primer comisionado de la CICIG, Carlos Castresana tuvo algunos desaciertos, pero fue certero al hacer el diagnóstico sobre el sistema de justicia y comprobar lo que muchos periodistas sabíamos desde antes: magistrados y jueces forman parte de un amplio esquema de impunidad, que el sistema político ha ido construyendo.

A pesar de tener tan clara la fotografía de cómo funcionan las cosas en el Organismo Judicial (OJ), aquella CICIG no enfrentó frontalmente ese sistema corrupto y corruptor, aunque sí intentó incidir en las famosas y manoseadas comisiones de postulación. Pasó un segundo comisionado, el costarricense Francisco Dall’Anesse, pero tampoco se lanzó frontalmente a buscar un cambio en el sistema. Tuvo que llegar el comisionado colombiano, Iván Velásquez, para dejar al desnudo –­completamente– el grado de podredumbre al que han llegado los sistemas político y de justicia. Pero no solo ha desnudado esta cruda realidad, sino también ha decidido enfrentarla, como todos lo sabemos, aunque a unos nos gusta y a otros no.

Sin embargo, a pesar que se han dado avances importantes, inclinando por momentos la balanza de aquella mujer –¡la Justicia!,– hacia el lado correcto, vemos que muchas veces, y cada vez más, se hacen esfuerzos para volver la balanza hacia el lado de la impunidad.

Las fuerzas en esta dirección son grandes, pues se cuenta con el respaldo del sector político tradicional –incluso del gobierno del presidente Jimmy Morales–, la fuerza de las estructuras criminales y los grupos de poder que no quieren que el statu quo cambie.

Hay que poner atención en las resoluciones de jueces y magistrados.

¿Cómo explicar que una jueza suplente, Abelina Cruz Toscano, ordena la libertad de la magistrada Blanca Stalling y diga que “no hay peligro de fuga”, cuando intentó fugarse el día que la capturaron? Además, si desde prisión pudo mover sus influencias ¿cuánto más no puede lograr desde afuera, con libertad para comunicarse con sus “colegas” de la plataforma de impunidad? –es decir jueces y magistrados que forman parte estratégica del Pacto de corruptos–.  No es el primer fallo en esta dirección. No es la primera jueza que hace algo así. Cada vez se observa más juzgadores dispuestos a mostrarse descaradamente a favor de la impunidad, porque creen que la CICIG está perdiendo fuerza, desgastada no solo por los ataques del presidente Jimmy Morales y sus ministros, sino también por la proximidad del fin de su mandato en septiembre del año próximo, aunque ¡ojo!, que habrá un presidente electo y la renovación de periodo provocará un intenso debate nacional. Mientras, veremos más Abelinas cada vez. Seguramente es un pulso que determinará si la balanza se va del lado de la Justicia o se inclina por la Impunidad.

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