Miércoles 22 DE Mayo DE 2019
Opinión

M.A. Asturias, irrepetible hombre de dos mundos

Felicito al Tribunal Supremo Electoral y a la CICIG por el convenio para fiscalizar los partidos.

Fecha de publicación: 17-08-18
— Fernando González Davison

Al conocerlo en París en 1973 solo había leído del poeta El Señor Presidente, pues en Guatemala sus obras parecían cosa del pasado, un lugar común por su fama tras recibir el Premio Nobel. Su verbo florido y a ritmo de tambor eran ya de otra época e imitarlo era imposible.

Pero leí una entrevista que le hizo Luis Harss y me abrió los ojos: en 1965 fue presidente del Pen Club que lo recibió de Arthur Miller, y compartió el Premio Internacional de Editores con Samuel Beckett, y luego el Premio Lenin de Paz. Entendí mejor al Gran Lengua, imán de sueños intuidos venidos de la realidad de los hombres de maíz que viven en dos mundos, el de la ficción y la realidad: allí los pueblos originarios cercenados en la historia de la explotación, la discriminación y el desprecio.

Harss en un momento alaba el estilo de El Señor Presidente y más aún el de Hombres de Maíz, pero considera panfletaria sus protestas en su trilogía bananera, que arranca con Weekend en Guatemala y Los ojos de los enterrados… Pero Asturias le hace ver que la novela latinoamericana siempre ha sido de protesta contra las injusticias, las dictaduras… Incluso le hace ver que en La verdadera historia de la conquista de México, Bernal Díaz del Castillo la escribió en protesta porque fue olvidado del rey por sus servicios allí prestados; o el mismo Rafael Landívar, cuando los jesuitas fueron expulsados del imperio español, protesta en Rusticatio Mexicana por la opresión de los indígenas en Mesoamérica, una de las causas del porqué fueron desterrados. Sigue Asturias dando ejemplos de la protesta en las novelas a diferencia de las europeas centradas en la razón, en la palabra concreta, directa… Le dijo a Harss que los pueblos mesoamericanos originarios de antes vivían sin ver al futuro sino al pasado, pues el futuro de veinte años podría ser el final, por lo que se justificaban los sacrificios: el sol tenía que ser alimentado para que volviera a salir… el corazón humano es el sol en cada persona y debía ser entregado al mismo sol… Ese mundo está en un inconsciente colectivo frente al mundo de la razón con el positivismo que guió a los nuevos estados del continente, hacia un progreso… que va ir arrastrando a la destrucción de paisajes míticos para hacer “negocios”, el capitalismo originario asolando comunidades rurales, destruyendo bosques… En el fondo, defiende el ambiente, las tradiciones.

La literatura latinoamericana nunca es gratuita. “Es una literatura de combate”. Al hablar de ello en su casa, el poeta me dijo: “Por eso me alegra que estudie sociología, pues un escritor debe conocer nuestras raíces, nuestra historia”.

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