Miércoles 14 DE Noviembre DE 2018
Opinión

La Corte de Constitucionalidad juega con fuego

La CC cultiva una tragedia institucional.

— Luis Figueroa
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Causó alboroto la audiencia del lunes pasado, en la Corte de Constitucionalidad, en la que la administración de Jimmy Morales insistió en pedir el cambio de Anders Kompass, como embajador de Suecia. Solicitud que  –digan lo que digan– el Presidente tiene la facultad de hacer porque, como es el Jefe del Estado y del gobierno, a él le corresponde “dirigir la política exterior y las relaciones internacionales” y “proveer a la defensa y a la seguridad de la Nación”.

Por medio del Minex, la administración formula las políticas relativas a las relaciones de Guatemala con otros Estados. Es al titular de aquella cartera a quien le corresponde  dirigir y resolver las acciones relacionadas con su Ministerio.

Por eso llamo la atención sobre el punto 12 del voto razonado de la magistrada Dina Ochoa, con fecha 29 de mayo de 2018, que dice: “Considero que el auto del cual disiento no contiene un efecto positivo certero, por cuanto únicamente ordena que el Presidente de la República debe reconducir conforme los principios del Derecho Internacional, las relaciones diplomáticas con el Reino de Suecia, en cuanto a la solicitud del retiro del embajador Anders Kompass; sin embargo, no establece cuál es el proceso que, en todo caso, debe seguir la autoridad cuestionada para reconducir su actuación”.

Coincido con quienes han advertido contra el hecho de que el recurso que motivó la audiencia citada y el voto razonado citado constituye un abuso del Amparo, socava la Constitución y el sistema de justicia constitucional y cultiva esa perversión llamada gobierno de los jueces.

De forma abyecta la mayoría de magistrados de la CC juega a que esa Corte puede ejercer la revisión judicial sin restricciones –al margen de la Constitución y de la ley– en función política y activista. La misma corte que se rehúsa a proteger los derechos de los trabajadores y operadores de la Minera San Rafael. Con resoluciones como la del caso Kompass y acciones como la de la minera, la CC cultiva una tragedia institucional que equivale a jugar con fuego y para nada contribuye a construir una república sana.

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