Sábado 25 DE Mayo DE 2019
Opinión

El Drama de la Migración Irregular

La necesidad de un mea culpa nacional.

Fecha de publicación: 17-08-18

Vergüenza, eso siento.

Por mi indiferencia.

Justo el día que preparé esta columna, estaba todavía definiendo el tema que abordaría en la columna de opinión.

Estaba por arremeter al Gabinete con comentarios vehementes, por su presencia en el pleno de la sala de debates de la Corte de Constitucionalidad hace algunos días. Pero desistí.

En mi “inbox” de correo entró ayer un mensaje fulminante de UNICEF. Lleva adjunto un informe titulado “Desarraigados en Centroamérica y México: Los niños migrantes y refugiados se enfrentan a un círculo vicioso de adversidad y peligro”.

Casi todas las palabras empleadas en ese título son desgarradoras.

Apenas empieza uno a leer el trabajo, se da cuenta que quizá muchos, pero sin duda, yo, hemos adoptado una actitud de “avestruz” con este éxodo de incalculables consecuencias.

Lo que mis ojos no ven, ¿el corazón no lo siente? Pues, esa es precisamente la pretendida actitud de creer que, esquivando la mirada, el problema desaparece. Pero es justamente, todo lo contrario.

La palabra éxodo es muy fuerte.

Significa la emigración de un pueblo. Quizá, mejor dicho, la expulsión de un pueblo.

Acá algunos datos de total desconsuelo: En Guatemala, el 68 por ciento de sus niños viven en pobreza. ¡68 por ciento! Básicamente siete de cada diez niños. En estas mismas tierras y sus fronteras que compartimos, 942 niños y adolescentes murieron violentamente en el año 2017. ¿Puede imaginárselo: matar a un niño?

Los que logren regresar después de la separación y detención en la “tierra prometida”, están sufriendo experiencias profundamente traumáticas, y aún tienen que enfrentarse a una estigmatización en sus entornos, después de sus fallidos intentos por llegar al norte.

Y los datos que acabo de reseñar, son tan solo algunos. Los que se pueden calcular. Cuando uno mira al “triángulo-norte” (¿triángulo-muerte?) como un todo, con sus cifras, se termina por convencer de lo espeluznante que es todo esto.

Hemos llegado al colmo de la deshumanización y de la indiferencia.

Nos guste  o no, la radical política de EE. UU. sobre inmigración irregular nos está haciendo sacar la cabeza de donde la tenemos metida. Bien lo dijo la directora regional de UNICEF, María Cristina Perceval: “…millones de niños son víctimas de la pobreza, la indiferencia, la violencia, la migración forzada y la deportación”.

De esos cinco flagelos, los primeros dos son causas; los otros tres, algunos de sus efectos. Y la causa de las causas es la desigualdad. Siglos de desigualdad.

¿Nos seguimos intentando auto engañar?

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