Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
Opinión

“Las confesiones de Tony Saca”

“-Corruptos hay siempre, hasta en la misma corte celestial –dijo doña Sofía” (Sergio Ramírez “Ya nadie llora por mí”).

— Edgar Balsells
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Don Elías Antonio Saca gobernó en El Salvador en  2004-2009, y actualmente enfrenta serias acusaciones de apropiación indebida de más de 300 millones de dólares provenientes  del erario público. Sus abogados le aconsejaron optar por el procedimiento abreviado y confesó su avaricia, manipulando facilidades como los muy conocidos   aquí como  “gastos confidenciales”, también utilizados en beneficio personal por su relevo en el poder, Mauricio Funes, quien encabezó la entente de izquierda que llevó al poder al Farabundo Martí para la Liberación Nacional. Funes también enfrenta graves acusaciones de corrupción y está cobijado en Nicaragua, protegido por Daniel Ortega.

Ambos, Funes y Saca, fueron conocidos como personajes mediáticos y tal es su afinidad que El Faro de El Salvador, un periódico digital de altos vuelos investigativos, ha revelado que el primero se apropió de más confidenciales para canalizarlos al movimiento Unidad que se constituyó en la plataforma de Saca para retornar al poder en 2014.

Saca ha sorprendido a la opinión pública centroamericana y seguramente está revelando procedimientos, entuertos y corruptelas muy similares en los países que componen el denominado “Triángulo Norte” centroamericano: “me aproveché del Gobierno y de sus escasos controles”, ha dicho con lágrimas de cocodrilo, ilustrando operaciones de pitufeo del dinero, que consisten en el uso de colaboradores, gubernamentales y privados, que captaron de diversas formas los fondos del Ministerio de Hacienda, para  desembocarlos a cuentas privadas.

En cuanto al confeso Saca, el saldo de lo confiscado hasta el momento reporta una mansión de ocho millones, flotas de Mercedez Benz y Jaguar, 35 residencias más, tres fincas, 11 locales comerciales, tres haciendas, seis sociedades comerciales de comunicación formadas por 16 estaciones de radio, y muchos dólares contantes y sonantes en cuentas bancarias de bancos del sistema que permitieron el trasvase de fondos, evidenciando así la fragilidad de las instituciones de control centroamericanas: léase Contraloría de Cuentas o la Superintendencia de Bancos.

Recomendable sería entonces que tanto los proyectos vinculados al Plan de la Prosperidad para el Triángulo Norte de América Central, como también el Consejo Monetario Centroamericano, la Secretaría de Integración Económica de Centroamérica y el Banco Centroamericano de Integración Económica, consolidaran acciones regionales para prevenir tales intentos de apropiación de los dineros públicos, siendo además fundamental que las sociedades civiles de estas comarcas establezcan presiones y conexiones con organismos internacionales para condicionar de mejor forma la ayuda y la cooperación para el Istmo. Y es que es infame que un sufrido contribuyente migrante y los trabajadores centroamericanos en general vean desviados sus recursos para alimentar las alforjas de los Saca, los Funes o los Pérez Molina.

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