Martes 18 DE Junio DE 2019
Opinión

¿Seremos capaces de cometer el mismo error?

La vieja política se niega a desaparecer, y desde ya surgen sus nefastos representantes.

Fecha de publicación: 14-08-18
Por: Estuardo Porras Zadik

A mi parecer, en 2015 los guatemaltecos acudimos a la urnas coaccionados a participar en elecciones con síntomas de ilegitimidad. Sin reformas profundas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos sumadas a la tibia y permisiva actuación del Tribunal Supremo Electoral, elegimos nuestro futuro de entre una selección de incapacidad y corrupción –este es ahora el presente que se asemeja a nuestro lamentable pasado–. Dada la similitud de condiciones, esta pantomima a la que llamamos elecciones democráticas, nos conduce en 2019 a votar una vez más por un buen porcentaje de lo mismo.

El órgano legislativo electo en 2015, es una versión enmascarada de la escoria que arrastramos a perpetuidad. Históricamente los procesos electorales han sido una especie de tómbola, que ha permitido que los mismos elementos se reciclen y continúen con una imagen diferente, pero sin perder su esencia. Casillas y puestos que responden más a un tarifario que a una ideología, capacidad o para su efecto, idoneidad.

Ahora bien, no podemos responsabilizar solo a los políticos y a los gobernantes de la era democrática de llevar a la nación a donde hoy se encuentra. Los guatemaltecos debemos asumir la responsabilidad de haberlos elegido; más cuando cada cuatro años cometemos el mismo error. Es aquí donde nuestra clase política se cambia de partidos, hace las negociaciones correspondientes y, sin pena ni gloria, cambia de discurso y de ideología. La única variable que cambia es el nombre del partido de turno; todas las demás se mantienen intactas. Guatemala no saldrá adelante mientras no cambiemos a esa clase política obsoleta y corrupta desde la raíz. Una nueva generación de políticos y organizaciones debe surgir.

Llegó la hora de que los guatemaltecos aceptemos que así como en cada uno de nosotros recae la responsabilidad de haber otorgado el poder a quienes nos llevaron a donde hoy nos encontramos, también en nosotros recaen la responsabilidad y el poder de cambiar el rumbo de nuestra nación. Lastimosamente, quienes pretenden mantener a flote el sistema responsable de atascarnos en el subdesarrollo, han logrado levantar una cortina de humo apelando a la destructiva polarización ideológica. Entretenidos en esta destructiva y banal batalla, hemos perdido el enfoque que los próximos comicios requieren; los cuales vienen cargados de más de lo mismo. Rancios, cuestionados e incapaces liderazgos empiezan ya a hacerse notar con campañas de afiliación. Con ellas vendrán las cancioncitas, los mensajes populistas y mercantilistas, las promesas de campaña que jamás se cumplen, la compra de votos, la compra de diputaciones, las negociaciones municipales… En fin, lo que la vieja política sabe hacer. Solo esperemos que en contraposición a esta estirpe surja algo diferente, que valga la pena, que sea el reflejo de la indignación colectiva y que sea capaz de capitalizar el repudio a esta clase política tan desprestigiada y cuestionada.

La justicia ha sido certera, pero desafortunadamente demasiado lenta. Capaces de sobrevivir a pesar de la constante y tenaz labor de la CICIG y el MP, tendrá que ser en las urnas donde se depure de una vez por todas el sistema corrupto. Recordemos que con la frescura del antisistema ya se nos coló uno. El presidente Jimmy Morales llegó al poder por el rechazo a la clase política tradicional. Ninguno de sus antecesores había tenido la fortuna de encontrar un país tan indignado, completamente decepcionado del ‘establishment’ y con tanta sed de cambio: oportunidad que el candidato “ni corrupto ni ladrón”, desperdició y quien hoy nos entrega un país en peores condiciones. ¿Seremos capaces de cometer el mismo error?

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