Miércoles 14 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Los tres ases

Como la decisión tardará más de la cuenta, les costará el triple.

— Amílcar Álvarez
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En América Latina Venezuela, Bolivia y Nicaragua no están en el coro preferido que canta sin desentonar las melodías que le gustan a míster Sam. Aquí, el gobierno se pasa de listo y está donde no debe estar fingiendo demencia, y sin querer queriendo por mariposear, es y no es lo que busca ser en el concierto de naciones. El caso es que, el destino dispuso que la solución a la problemática diferente pero parecida de la tierra de Bolívar y de Sandino por su gravedad, pasa por el mismo quirófano que la de Guatebolas, convertida hace décadas en una especie de burdel, donde sin el menor rubor ni ánimo de cambiar, ocurren excesos de todo tipo. Y no es cuento. Lo ratifica la intención intacta de reciclar mañosos, agarrando aviada la rebelión de las mesas dirigida por mano peluda con diputados obedientes y no deliberantes, disponibles al ruido sonoro de las fichas para desmantelar sin piedad, el andamio legal que se construye con paciencia y ayuda de países amigos. El último acto del circo es permitir la reelección de los tránsfugas, perpetuando la corrupción y la impunidad consolidando el Estado fallido, colmando de prebendas a los muñecos que, alegremente creen que su cometido será logrado. A pesar de la conspiración descarada para mantener un Estado mafioso, los pasteleros insisten en recuperar con remedios caseros la salud de un enfermo que ya se murió, llevándole la contra a Herr Einstein que dicen que dijo más o menos: si hacen lo mismo, los resultados no serán diferentes. Hace años criticaron al FMI, por aplicar una receta simultánea a países con distintos problemas económicos y financieros con una teoría cuestionada, sin tomar en cuenta la realidad de cada uno. Hoy, en política pasa lo mismo solo que al revés, los problemas no son iguales pero la salida es la misma. Entiendes Méndez.

La crisis es un manjar para los enemigos de don Samuel, que de no tomar en serio el riesgo de seguir a la deriva en manos de las fuerzas oscuras que nos tienen a raya, los conflictos inducidos se incrementarán, la enfermedad terminal del área se agravará y la jaqueca será muy fuerte por no reconocer a tiempo que no existe voluntad política ni de ninguna clase para resolverla. Sus cuates rezan todos los días pero apoyan bajo de agua a los patriotas con o sin partido, para continuar viviendo con la normalidad de los últimos 200 años, sin entender de buen modo la necesidad de un cambio real acorde al siglo XXI, menos dejar fuera de su alcance el paraíso en el que mandan y no suplican soñando que el modelo pervertido sea perpetuo. Si lo gringos invirtieran la mitad de lo gastado en la guerra de Irak renovando el sistema obsoleto creando un polo de desarrollo regional, otro gallo cantaría. Como la decisión tardará más de la cuenta, les costará el triple.

Los que saben y no quieren entender que el capitalismo salvaje persistente es la piedra angular de la crisis no cederán, acostumbrados a que el cambio no prospera por la debilidad del pueblo sin capacidad de imponerlo al vivir sumido en la ignorancia y no entender su realidad, aceptándola sin remedio. Para su infortunio, los intelectuales con obligación de orientarlo navegan en el universo profundo de la política filosofando diseñando un mundo perfecto, encontrando al final de cuentas y de cuentos una salida ideal, pero para sus dificultades psíquicas y monetarias. La paradoja es que, ante la amenaza creciente a su seguridad y existencia, el tío Sam al protegerse nos protege y nos puede sacar del hoyo en que estamos, del que no salimos solos ni en 200 años. Es la única manera de acceder a mejor calidad de vida y bienestar sostenible, como el que disfrutan los mojados que con sus remesas nos mantienen sin tanta bulla ni pedir incentivos fiscales, menos regresar. Las reformas económicas, financieras, políticas y sociales deben ser profundas y realistas, respetando la identidad nacional sin prescindir de las mentes brillantes marginadas por dignas, que saben lo que hacen sin caer en la tentación de los que viven hablando babosadas entre ambrosías fumando la pipa de la paz, y que para bien o para mal no cambian… Joya. Sé tú mismo, los demás puestos ya están ocupados.

 

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