Miércoles 14 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Latinoamérica, con mente bloqueada

No saldremos de la pobreza con líderes llamados de derecha, engañados por sistemas y enseñanzas adecuados para países de bajo crecimiento de la población.

— Jaime Arimany
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Al terminar la Segunda Guerra Mundial, el mundo quedó dividido en tres sistemas de gobierno, uno basado en la libertad individual para pensar y actuar, con un gobierno donde quienes ejercen el poder son elegidos por la población; otro basado en la dirección de un gobernante líder, que se hace cargo de la administración a través de un gobierno centralizado, en el cual la gran mayoría de los ciudadanos no participa en las decisiones; y un tercer sistema, que integran gobiernos latinoamericanos y africanos, que son una mezcla de los dos anteriores pero que, de alguna manera, están sometidas por uno de los países desarrollados en los dos primeros sistemas.

 

Quienes pertenecemos al tercer grupo, hemos sido engañados al sentirnos protegidos por uno de los grupos extremos del que sentimos depender, terminando por pertenecerles de una manera tal de sometimiento que raya en el extremo, cegados por enfrentamientos internos, defendiendo hasta con la vida el sistema escogido, sin darnos cuenta de que difícilmente podremos tener de ellos su apoyo para el éxito buscado con tanta ansiedad; y cuando se siente que ya se va a lograr, interviene la mediocridad y el engaño enseñados a todo nivel, principalmente a los profesionales universitarios y maestros, la cual engendra odios y enfrentamientos a través de enseñanzas que nunca recibieron los habitantes de esos países antes de su desarrollo.

 

Los pueblos asiáticos, quizá por sus miles de años de existencia, su  independencia y lejanía de las naciones líderes, copiaron las enseñanzas y el sistema que utilizó el pueblo escocés, y luego Gran Bretaña, que con solo 21 millones de habitantes en 1850 y 37 millones en 1900 dominaban a gran parte de la
población mundial.

 

En Japón, a través del libro Ayúdate (1845) del escocés Samuel Smiles, traducido al japonés en 1859, fue lectura obligada para toda la población por la dinastía Meiji en 1870, dando origen al cambio de actitud de los japoneses, quienes posteriormente pusieron normas semejantes a las establecidas inicialmente por los economistas escoceses, las cuales se originaron con la obra La riqueza de las Naciones (1776) del economista, Adam Smith (1723-1790) en cuyo contenido destacan varias influencias, entre ellas la de John Locke (1632-1704) quien planteó ideas políticas contrarias al poder absoluto del Estado, indicando su importancia para que el individuo pueda desarrollar sus capacidades individuales y la de su admirado profesor Francis Hutcheson (1694-1746) quien destacaba lo indispensable de la división del trabajo para la preservación de la vida humana y del crecimiento económico, dejándonos varias frases como herencia y muestra de su pensamiento, entre ellas: “cuando no hay demanda, no hay precio” o “un aumento en la escasez de la oferta aumentará el valor o precio de un bien”.

 

No saldremos de la pobreza con líderes llamados de derecha, engañados por sistemas y enseñanzas adecuados para países de bajo crecimiento de la población, que al llevar a una concentración en la posesión de los bienes e ingresos generan pobreza y enojo, o peor aún, de izquierda, con una igualdad económica que lleva a una terrible dictadura y deja a la gran mayoría de la población sin esperanza y en una espantosa pobreza.

 

Va un saludo a mi amigo de planes y luchas en contra de la pobreza, destacado por su religiosidad, honradez y brillante trabajo en instituciones bancarias como el BID, el Licenciado José Carlos Castañeda.

 

jfarimany@hotmail.com

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