Domingo 25 DE Agosto DE 2019
Opinión

Las palabras y las cosas del coleccionista

Según el coleccionista hebreo de las palabras y las cosas, la vida misma y el bien triunfan finalmente.

Fecha de publicación: 11-08-18
Por: Roberto Blum

La biblia hebrea (tanaq) cuenta entre sus libros con el Eclesiastés, un libro sapiencial que probablemente debería traducirse mejor como Las palabras y las cosas del coleccionista. La tradición cristiana lo ha titulado con una palabra más cercana a la asamblea –ecclesia– que a quien recoge o colecciona palabras y cosas, y este título parecería ser más cercano al sentido del texto original hebreo.

La inserción de tan extraño texto en la colección que se fue conformando para convertirse en lo que ahora llamamos “libros sagrados” de los judíos, y posteriormente de los cristianos, ha hecho perder el sueño a muchos estudiosos, que han tratado de entender la razón de su canonización en ambas tradiciones religiosas. El autor no parece tratar ni los mismos temas ni de la misma forma que los demás autores de los otros textos canónicos. Por otra parte, el coleccionista (Qohelet) parece ofrecer al principio una visión pesimista de la vida humana: todo pasa como un soplo, un viento, un aliento. Nada queda. “Vanidad de vanidades (hebel hebalim), todo es vanidad”,  nos dicen las palabras del coleccionista.

Tal es la situación actual de uno de los maestros de moral más grandes de la humanidad: todas las palabras y partes del texto del Eclesiastés (Qohelet) han sido escrutadas hasta el cansancio, pero parece que el mensaje de vida se ha desvanecido. Theodor A. Perry, profesor de literatura comparada, nos dice al respecto: “Ahora sabemos bastante bien lo que significan las palabras; pero incluso el género literario de la obra sigue siendo un misterio, y la comprensión de su espiritualidad –de su proyecto de vivir viva y gozosamente– permanece sumida en esa desesperación que hemos atribuido tan desesperadamente al Qohelet”.

Sin embargo, la imagen tantas veces repetida del soplo, del viento, del aliento (hebel), nos enfrenta a cada uno con la fugacidad de todo lo que existe en el mundo, con su contingencia y con la finitud que significa la muerte, tanto que el supuesto autor del famoso libro se atreve a exclamar: “¡Más vale perro vivo que león muerto!”

Y así, la constante reiteración que el mismo hace de la frase hebel hebalim empuja una y otra vez al lector a reconocer cara a cara el desastre, la ausencia de todo, el vacío existencial, la vida humana como la pasión inútil de la que hablaba Jean Paul Sartre. Sin embargo, el coleccionista (Qohelet) de nuestra historia nos impulsa a recrear creativamente el sentido de nuestras vidas, para construir el proyecto de vivir, viva y gozosamente, una verdadera y completa metamorfosis. Según el coleccionista hebreo de las palabras y las cosas, la vida misma y el bien triunfan finalmente.

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