Miércoles 26 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Culpabilidad solo se acaba con la muerte

El morir parece ser la manera más segura para terminar un proceso judicial.

— Rodolfo Neutze
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Durante los últimos meses hemos visto que personas acusadas de diferentes delitos han muerto mientras se encontraban en prisión preventiva. En todos estos casos NUNCA sabremos si los difuntos eran culpables o inocentes ya que la muerte se lleva también a la tumba los juicios que los tenían encarcelados. Esta situación desfavorece enormemente la credibilidad que buscamos tener en los procesos judiciales anticorrupción. No poder determinar la culpabilidad de un acusado antes que se muera encerrado previene el necesario proceso de sanación que le urge a Guatemala para no volver a vivir los periodos recientes de corrupción. No es lo mismo que se muera un condenado en la cárcel que un sospechoso.

Todos ansiamos vivir en un Estado de Derecho en donde la justicia sea objetiva y rápida. Nadie quiere ver sueltos a delincuentes y asesinos, pero tampoco conviene que permanezcan encarcelados guatemaltecos que no han sido declarados culpables. Por más pícaro y abusivo que sea el preso y aunque se merezca todo el sufrimiento imaginable, el encerrarlo sin una causa legal sólida no lo perjudica solo a él sino a todos. Los abusos o fallas que se hacen contra un pícaro, eventualmente nos pueden afectar a nosotros o a un cercano. Los vicios procesales no son exclusivos de los “malos”, desafortunadamente sí generan jurisprudencia que algún día nos afectara.

En Guatemala nuestra Constitución prevé la presunción de inocencia y estoy seguro de que aborrecemos la idea de que la misma pueda ser aprovechada por algunos individuos que a todas luces sabemos que son culpables. Pero en estos casos aplica la frase Durum est, sed ita lex scripta est – es duro, pero así fue redactada la ley. No podemos basar el futuro judicial de nuestro país permitiendo que algunos jueces sean laxos en la aplicación de la prisión preventiva como mecanismo de presión para que algunos sospechosos negocien su libertad a cambio de declaraciones para obtener pruebas contra los peces gordos. Si nuestro MP va a aprovechar la labor y la ayuda de la CICIG debe ser para generar protocolos de investigación que logren suficientes pruebas contundentes para que los verdaderos culpables purguen sus penas en la cárcel. La prisión preventiva NO puede ser un mecanismo auxiliar de la investigación, debe ser únicamente una medida para evitar que un delincuente entorpezca los procesos abiertos.

Tengo un gran amigo, al que mantendré anónimo en este ejemplo, que lleva meses en prisión preventiva por delitos no asociados a la corrupción ni a la violencia. Por haber sido empleado de una institución que entró en problemas, muchos años después de su salida fue acusado por el MP de delitos que no existían en su época. Bajo engaños de los fiscales y abusando de su nobleza le aseguraron y convencieron de que su caso no tenía peso legal y que se presentara a dar su primera declaración para librarse del “clavo” aunque no hacía falta. Idealista y optimista de lo que este país puede ser, se presentó a enfrentar la justicia y la misma le falló al ser enviado a prisión preventiva injustificada. El juez no pudo considerar tomar su decisión basado en el hecho irrefutable que ya habían pasado nueve años sin que se afectara para nada la investigación; tampoco aceptó que existe arraigo suficiente para no huir y que no hay peligro de fuga; ¡y peor aún que ya se demostró que los delitos por lo que se le acusa ya prescribieron! Mi amigo sigue en prisión injusta, afortunadamente lo mira como una experiencia enriquecedora, pero estoy seguro de que ni su familia ni YO queremos creer que solo esperando la muerte podrá salir de esta prisión preventiva innecesaria y así poder terminar su proceso judicial.

 

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