Viernes 16 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Espiral de conflictividad

Los tribunales no gozan de confianza y fiabilidad.

— MARIO FUENTES DESTARAC
Más noticias que te pueden interesar

La conflictividad originada de problemas no resueltos, demandas postergadas y necesidades insatisfechas se está tornando crítica y desbordante en esta etapa de rezago económico y de tensiones sociales. Muchos no pobres siguen cayendo en la pobreza y muchos pobres viven en condiciones de exclusión y extrema vulnerabilidad (hambre, enfermedad y desprotección).

Inequívocamente, los conflictos irresolutos tienden a agravarse y casi siempre desembocan en violencia, destrucción y muerte. Además, la espiral de conflictos propicia un clima de temor, zozobra, intranquilidad, incertidumbre y retraimiento de la actividad productiva. Asimismo, la cultura de confrontación, intolerancia, irrespeto y provocación que impera en nuestro país, nos aleja inexorablemente de la necesaria armonía en la diferencia y potencia el resentimiento, el rencor, la ira y la venganza. En todo caso, la ausencia de conciliación de intereses, negociación y acuerdos obstaculiza e impide la solución pacífica de los conflictos.

Para colmo de males, los tribunales no gozan de confianza y fiabilidad, porque se tiene la percepción de que resuelven con arbitrariedad y prevaricación. Luego, la población, en lugar de recurrir a la autoridad para dirimir sus disputas, está optando por resolverlas a través de las vías de hecho o, en su caso, haciendo justicia por propia mano, para asegurarse que las supuestas transgresiones o infracciones no queden sin castigo.

Los partidos políticos tampoco son intermediarios eficaces entre la población y el poder público, extremo que impide que, a través de la acción política, se escuche a la gente, se atiendan sus necesidades y se desactiven focos de tensión social. De hecho, los políticos han renunciado a operar como catalizadores que favorezcan las interrelaciones, la comunicación, el diálogo y la cooperación inteligente, en función de dar respuesta a las demandas y reclamos. Por el contrario, la codicia, la ambición y el lucro se han apoderado de la clase política, en menoscabo, por supuesto, de los servicios públicos y de la realización del bien común.

Por otro lado, la estructura de privilegios, que impide la consecución de un capitalismo popular, sustentado en la plena vigencia de la economía de mercado, la libre contratación, la igualdad de oportunidades y la certeza jurídica, también es una fuente inagotable de injusticia, discriminación, inmovilismo, desánimo y frustración, que se traduce en más conflictos.

Por supuesto, también debe tenerse presente que muchos conflictos son acicateados por los enemigos de la democracia, así como por azuzadores, mercenarios y patrocinadores del caos, en función de promover la desinstitucionalización, el odio, la desinformación, el descontento y la revuelta, y que, finalmente, impere el vacío de autoridad, la anarquía y el desorden, con miras a imponer un régimen autoritario o totalitario, que niegue la libertad y el Derecho.

De suerte que no podemos seguir indiferentes o ajenos ante esta espiral de conflictividad, porque más temprano que tarde los recursos de la no violencia, la tolerancia y la resolución pacífica de las disputas perderán credibilidad, y se dará pie de nuevo a la lucha fratricida, en la que los más violentos prevalecerán y todos perderemos.

 

Etiquetas: