Martes 20 DE Noviembre DE 2018
Opinión

El café a la baja

— editorial
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La caficultura guatemalteca no solo está enfrentando la roya, que está causando estragos en la producción de café, sino también la declinación de los precios del grano en el mercado internacional.

De esa cuenta, la situación es muy diferente a la de abril de 2011, cuando el precio del café en el mercado internacional (Intercontinental Exchange) sobrepasó los US$300 por quintal. Este precio no se había vivido desde 1977, cuando se produjo una helada en Brasil que dañó la producción del grano.

Por cierto, recordamos que las reservas monetarias internacionales de Guatemala (para pago de importaciones y cumplimiento de obligaciones en el extranjero) se dispararon debido al boom del café en 1977. Esta bonanza transitoria (tres años) fue aprovechada por el Gobierno para echar mano de las reservas monetarias internacionales. La ausencia de prudencia financiera (1978-81) se tradujo en un aumento descomunal del gasto público, que, por supuesto, excedió los ingresos fiscales, dando lugar a un déficit fiscal incontrolable, que, finalmente, redundó en inflación y en la devaluación del quetzal frente al dólar.

En la actualidad el café sigue siendo el mayor producto de exportación (tradicional) de Guatemala (12 por ciento de las exportaciones totales) y, sin duda, es un importante generador de divisas y empleo.

Por ello, preocupa sobremanera que el precio del café (oro) haya venido descendiendo hasta situarse por debajo de los US$110 por quintal, con tendencia a seguir bajando. Sin duda, en el retraimiento del precio del café está impactando el aumento de la oferta del grano, especialmente de la cosecha de café robusta, de menor calidad, producido por países como Vietnam y Brasil. El café de Guatemala (al igual que los de Colombia, México, Costa Rica y El Salvador) se ubica dentro de los arábigos lavados, de calidad refinada.

No puede obviarse tampoco que la demanda de café ha venido reduciéndose en el mercado internacional, ni que la industrialización del grano ha redundado en mezclas de café, en detrimento, por supuesto, de los cafés de calidad.

Para colmo de males la roya ha venido erosionando la producción de café y cabe recordar que el Ministerio de Finanzas Públicas, durante el régimen de Otto Pérez Molina (2012-5), retiró los fondos del fideicomiso del café (para destinarlos a gasto público corriente), depositados en el Banco de Guatemala, mediante los cuales se facilitaba créditos a los caficultores en épocas de “vacas flacas” como la actual.

Dichos fondos deberían reintegrarse al referido fideicomiso para que la caficultura nacional pueda enfrentar la actual coyuntura. Está en juego la sobrevivencia de muchos medianos y pequeños productores, así como que no se pierdan los empleos que genera esta importante actividad económica.

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