Sábado 17 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Enfoque Desde 2001, la hambruna, un tema recurrente

De nuevo “alarma” por crisis alimentaria en el llamado corredor seco. ¿Qué se ha logrado desde la tragedia de Camotán y Jocotán?.

— Gonzalo Marroquín Godoy
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Era el año 2001 por estas fechas precisamente. La prensa nacional principia a publicar noticias alarmantes sobre la situación imperante en los municipios de Camotán y Jocotán, ambos en Chiquimula, producto de una ola de sequía que ha creado una crisis alimentaria en el llamado corredor seco y empieza a cobrar vidas de niños desnutridos de la zona.

El presidente Alfonso Portillo declara en aquel entonces que lo que sucede “a nadie debe sorprender”, y el vicepresidente Francisco Reyes, tratando también de tapar el sol con un dedo asegura que “no hay hambruna en el país, porque eso solamente se da en África”. Ambos califican a la prensa de “amarillista” por hablar de hambruna, pero pronto su actitud deja en evidencia el pésimo manejo de la crisis: para el 2 de septiembre se registra la muerte de 41 niños de la zona.

Como sucede con tantos temas sensibles y de gran importancia en el país, tras superar aquella emergencia alimentaria –que se pudo atender solamente por la intervención y apoyo de numerosas fundaciones privadas–, las autoridades se olvidaron luego de buscar una solución de fondo para el problema existente, aunque en el ambiente estaba claro que existía la urgente necesidad de atender el tema alimentario.

Ahora, 17 años después, se da a conocer otra noticia relacionada a la crisis alimentaria. Según el ministerio de Agricultura (MAGA), más de 157 mil familias se verán afectadas por la sequía, lo que significa que puede haber peligro de un nuevo brote de hambruna en la región oriental del país.

Según instituciones como UNICEF y World Vision, uno de cada dos niños guatemaltecos menores de cinco años padecen de desnutrición debido al poco acceso a alimentos. Eso significa que están amenazados de muerte o, en todo caso, verán mermado su desarrollo –físico y mental–, lo que les coloca en una gran desventaja de cara a su futuro.

Este es un dato escalofriante, porque significa que cada año que se pierde por no atender adecuadamente este problema, se está condenando a gran parte de la población a llevar una vida afectada por las deficiencias que trae el mal desarrollo de sus aptitudes mentales y físicas.

Lo que debe llamar nuestra atención es que mientras nacen y crecen niños desnutridos, nuestras autoridades, que son las llamadas a poner atención y solucionar este tipo de problemas, viven literalmente en otro mundo. El presidente Jimmy Morales –el Ejecutivo– se la pasa inaugurando obras por aquí y por allá, en medio de la larguísima batalla contra la CICIG e Iván Velásquez; el Congreso ni se diga, en vez de legislar sobre temas trascendentales como este, tiene una agenda en la que lo único que les interesa a la mayoría de diputados es ver cómo pueden reelegirse en las elecciones del próximo año. Incluso el Organismo Judicial (OJ), en vez de ver cómo se aceleran los procesos y mejora la justicia en el país, encuentran en el PDH, Jordán Rodas, un blanco para entretenerse.

Ese es el escenario actual del país visto de manera muy simple. El resultado es que las cosas no caminan –hasta la economía está complicada por la falta de gobernabilidad, crisis política y conflictividad social generadas por esa debilidad institucional que cada día se hace más profunda.

Hay que ser claros que no es culpa solamente de este gobierno y de Jimmy Morales. Han pasado casi dos décadas desde aquella hambruna de Camotán y Jocotán. Se han sucedido cinco gobiernos y el problema no se ha atendido de manera adecuada, en buena medida porque era más importante hacer negocios corruptos que trabajar por el bien del país.

Ahora se sabe que estas situaciones de sequía se irán agudizando como parte del calentamiento global que afecta al Planeta. Guatemala es uno de los países más vulnerables ante el cambio climático, pero poco o nada se hace al respecto, y ya ni extraña que al frente del ministerio de Ambiente se mantenga, contra viento y marea, a un funcionario sin capacidad para crear políticas ambientales positivas.

Los años pasan, los gobiernos se suceden y la soluciones no llegan. Por supuesto, habrá crisis alimentaria este año, y el próximo… y así hasta que haya alguien que comprenda lo importante que es atender a ese uno de cada dos niños menores de cinco años que sufren desnutrición.

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