Lunes 12 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Álvaro Arzú Irigoyen (1946-2018). Parte XVII

Quizás, Arzú Irigoyen admiraba a Ubico por causa de su manejo de la prensa, sus espías, ahora cibernéticos y de inteligencia militar que armó desde Tu Muni.

— Eduardo Antonio Velásquez Carrera
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En el libro de Méndez Vides, “Arzú. Y el tiempo se me fue” al ser interrogado sobre la obra de su primera gestión como alcalde, Arzú Irigoyen afirma que una de sus principales obras fue la construcción de la Calzada Atanasio Tzul, que como todos sabemos estaba ya delineada por la línea del ferrocarril, más o menos desde la veinticuatro calle de la zona 1 hasta los confines o inmediaciones de la colonia Justo Rufino Barrios o bien del complejo de edificios de Bello Horizonte. A cada extremo de la vía férrea había, por lo menos un carril de terracería, que al parecer fueron mejor delineados y construidos toda la infraestructura de drenajes necesaria para poder utilizar esa calzada como vía rápida entre el sur de la ciudad y el Centro Cívico. Naturalmente que esa calzada, todavía hoy presenta poca uniformidad en diversos tramos de la misma. Naturalmente, vino a beneficiar a los industriales que se habían asentado en lo que fuera diseñado como un parque industrial en épocas de alcaldes anteriores. Para los investigadores de la red vial de la ciudad de Guatemala, resta conocer los detalles de la construcción de esta vía, es decir, longitud, presupuesto, trazo, carga vehicular, etcétera. El nombramiento de esta vía, como Atanasio Tzul, evidentemente no trajo ninguna polémica en reconocer al prócer de Totonicapán. Otra de las polémicas ciudadanas que se armaron por causa de las decisiones tomadas por los concejos municipales presididos por Arzú Irigoyen fue el nombramiento de pasos a desnivel con los nombres y apellidos de expresidentes, unos más cuestionados que otros, como el caso del expresidente General Jorge Ubico Castañeda (1931-1944). Más allá de la historia oficial y contemporánea, como la recientemente publicada en el país sobre Ubico, la de Carlos Sabino, por ejemplo, nos muestra cómo se puede ser complaciente con un tirano. De acuerdo con los documentos desclasificados por el Departamento de Estado de los Estados Unidos de América sobre el periodo, hubo guatemaltecos, exiliados por el sátrapa que en Nueva York, en el invierno de 1935, escribían cosas terribles sobre el dictador. Víctor M. Morales, refiriéndose a lo actuado hasta el momento por el General: “Como ha dicho él, los pueblos mientras más hambrientos más dóciles para gobernarse”. Vaya filosofía de gobierno para ser homenajeada por Arzú Irigoyen y sus munícipes. Agregaba, Morales: “Sus grandes honores se llaman Estrada Cabrera, que lo saca de la obscuridad y que lo ayuda a la pirática conquista de un coronelato de ópera bufa”. …“Cuando Ubico fue jefe político, sobre los sedimentos del niño matagatos, entre la complicada de sus complejidades patológicas, surgió el irascible impasible, con la acometida diabólica de sus instintos desquiciados. Retalhuleu fue su teatro sangriento; no hay familias de las vecindades comarcanas que no recuerde ese horror escalofriante, los treinta y nueve asesinatos que fueron glosados en crónicas macabras en las columnas del periódico capitalino La Hora”… “Su única política ha sido la cárcel y la ley fuga”. Según Morales, Ubico Castañeda no estaba solo. Tuvo de acompañantes a la prensa nacional, a los orejas –espías– y naturalmente a sus testaferros. Dice: “Los diarios serviles Nuestro Diario y Liberal Progresista. Las invenciones, el cine, lleno de espías gratuitos. Se mantienen llenas la Penitenciaria y las bóvedas de San Francisco. Publicidad absurda ha generado la popularidad de Ubico. Sus defensores más tesoneros, Federico Hernández de León y Carlos Enrique Larraondo. El régimen ubiquista es un tributo al miedo”. Y yo añadiría entre los miembros de la prensa serviles a El Imparcial. Quizás, Arzú Irigoyen admiraba a Ubico por causa de su manejo de la prensa, sus espías, ahora cibernéticos y de inteligencia militar que armó desde Tu Muni, de la publicidad y propaganda desplegada, ya no tanto por medio del cine, sino de la televisión abierta de los canales vendidos a los gobiernos de turno. En una palabra, el maquillaje de una ciudad caótica. Uno se pregunta cómo se pudo nombrar esa vía con tremendo dictador. Hay que señalar, que Arzú y sus munícipes no han nombrado ningún viaducto con el nombre del licenciado Manuel José Estrada Cabrera. Me imagino que su admiración a este dictador tampoco llega a tanto. Y la forma en particular como leía e interpretaba la historia patria. Continuará…

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