Domingo 15 DE Septiembre DE 2019
Opinión

Más sobre las Virtudes Cardinales

¿Para la vida, o después de la vida?

Fecha de publicación: 03-08-18
Por: Alvaro Castellanos Howell

Quedó planteado la semana pasada que la justicia, es al parecer, de las cuatro virtudes cardinales, la fundante, la que equivaldría al Norte, si las comparáramos con los cuatro puntos cardinales.

Otros, quizás dirían que equivale al Este, porque es de donde se aprecia la salida del astro rey, que es lo que nos da vida y esperanza.

El adjetivo “cardinal” se refiere a aquello que nos resulta determinante.

Pero ahora, quizás, vale la pena intentar hacer otro enfoque del tema, abandonando la idea de insistir en identificar a la justicia como el valor superior, y por ende, como nuestro Norte (porque es lo que nos orienta finalmente) o nuestro Este (porque es lo que nos da vida y esperanza).

Ello, con el único afán de favorecer un punto de vista más integrador: afirmar que son paritariamente cardinales las cuatro virtudes.

¿Las cuatro, juntas, resultan determinantes para alcanzar una vida que implique una buena muerte?

Quizás resulte más elocuente afirmar que por más que intentemos alcanzar una virtud aisladamente, no lo lograremos sin alcanzar las otras tres, no importando cual sea el orden de importancia que cada uno de nosotros le asigne a las mismas.

Algo así como dirían los “cuatro” mosqueteros: todos para uno y uno para todos. (Recuerde que Athos, Porthos y Aramis elevan a categoría de cuarto mosquetero a D’Artagnan).

Ya sabemos que, aparte de la justicia, las otras virtudes esenciales son, la prudencia, la fortaleza y la templanza.

¿Cómo lograr en lo poco que queda de espacio en esta columna, divulgar la idea que pretende? Quizás simplemente recurriendo a algunos antónimos de estas virtudes.

Lo que no debemos ser, o hacer, puede a veces ser un lenguaje más poderoso.

Antónimos de prudencia: exceso, abuso, insensatez, necedad, temeridad.

Antónimos de fortaleza: debilidad, blandura, desgana, displicencia, inconstancia.

Antónimos de templanza: concupiscencia, desenfreno, hedonismo, ira, temeridad.

Antónimos de justicia: atropello,
favoritismo, injuria, sinrazón, maldad.

Sea como sea, y ya sea por la vía de la acción o la omisión (también podemos ser virtuosos cuando callamos), estas virtudes deben servir para recordar sus antagónicos, que son los vicios. E intentar huirles de inmediato.

Es la única forma de alcanzar o aspirar a alcanzar la buena muerte.

Esa que se logra con la buena vida. La buena, en el sentido de virtuosa. Bondadosa. Justa.

¡Carpe Diem!

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