Miércoles 21 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Cuidar la democracia

Se pueden tener diferencias políticas, pero no se pueden suprimir con las armas.

— Miguel Ángel Sandoval
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Sabemos que la idea de vivir en democracia cuesta. Se ha dicho hasta el cansancio que la transición iniciada en1985 es larga como una vida, que no ha llegado a buen puerto, que faltan muchas cosas. Y es verdad. Sin embargo es indispensable detenerse a pensar lo que tenemos, lo que hemos construido y en lo que de manera insensible nos quieren quitar. Acaso lo principal es la existencia de instituciones y una ciudadanía incipiente, que antes del 85 no existían y que fueron fortalecidas con la firma de la paz en 1996, aunque se desconozca, aunque se quiera minimizar y salgan los gritones que quieren la paz de los cementerios, o la finca en estado puro y represivo. Y justamente eso es lo que tenemos que evitar.

Lo vemos ahora en Nicaragua. Toda la gente sensata quiere una salida política, una solución negociada. Nadie apuesta por la violencia, nadie quiere retrocesos democráticos y eso es lo que está a la orden del día. No hay que equivocarse en este sentido. Las proclamas incendiarias sobre la intervención extranjera o sobre la manipulación de las movilizaciones son solo expresiones de deseos o de desinformación. El centro del problema es que nadie quiere violencia. De lo contrario ya se hubiera iniciado la guerra civil en ese país pues si algo sobra en Nicaragua son las armas en manos de la gente.

Con intensidad diferente es lo que tenemos en nuestro país. Estamos ante una especie de retorno no deseado de formas represivas intolerables. Hay asesinatos de líderes campesinos y se desconoce la autoría de los mismos, no se sabe de dónde provienen, aunque dirigentes campesinos y de organizaciones defensoras de derechos humanos apuntan hacia cuerpos de seguridad del Estado. Ello no puede ser tolerado, pero sobre todo, no es la vía para la construcción democrática de nuestro país.

 Hace un mes publiqué en este espacio una columna en donde le demandaba a la señora fiscal Consuelo Porras, investigación exhaustiva del asesinato de unos seis dirigentes de Codeca y del CCDA. Antes de tener idea de si la investigación avanza o si hay resultados del proceso, ocurre otro asesinato y con señales de tortura a Juana Raymundo, activista de la organización Codeca. Se pueden tener diferencias políticas, pero no se pueden suprimir con las armas. De eso es precisamente que se trataron los Acuerdos de Paz. Finalizar una guerra para construir la democracia con justicia social.

 Y con los asesinatos selectivos no podemos avanzar nada. Menos construir la paz y la democracia. Por ello la alarma de la ONU: No podemos permitir que el próximo proceso electoral esté dominado por la violencia política. No hay ninguna razón para las salidas violentas. Y no se puede pensar que el terror pueda suplir a la política, que aun con sus limitaciones y problemas es finalmente la salida.

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