Miércoles 17 DE Julio DE 2019
Opinión

La reactivación económica es prioritaria

Fecha de publicación: 31-07-18
Por: editorial

El Banco de Guatemala (Banguat) ha anunciado que la nueva estimación de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) para el presente año es de 2.8 a 3.2 por ciento, lo que supone una drástica rebaja de la proyección original de crecimiento económico entre 3 a 3.8 por ciento. En 2014 el PIB aumentó 4.2 por ciento, en 2015 un 4.1 por ciento, en 2016 un 3.1 por ciento y en 2017 2.8 por ciento, lo que evidencia una desaceleración progresiva.  A la desaceleración económica debe adicionarse que el índice de Confianza de la Actividad Económica se está alejando cada vez más de la zona de expansión, para situarse en un ámbito de contracción económica.

Asimismo, habría que agregar que el aumento de la afiliación al régimen de seguridad social (empleo formal) está muy por debajo del crecimiento poblacional, lo que supone que el sector formal de la economía cada día está absorbiendo una menor cantidad de mano de obra incremental. Cabe advertir que, en condiciones normales, el sector formal de la economía absorbe un 20 por ciento de la mano de obra incremental anual, lo que difícilmente está ocurriendo a estas alturas. Esto conlleva que la economía informal en lugar de disminuir esté aumentando y, por supuesto, que también esté aumentando la emigración de guatemaltecos hacia el extranjero, con miras a mejores oportunidades de vida.

Los agentes económicos no perciben que exista un clima propicio para los negocios, extremo que se refleja en la baja dinámica de la actividad económica que se refleja en el Índice de Actividad Económica que registra el Banguat. La revaluación del Quetzal con respecto al Dólar tampoco ha sido un factor estimulante para las exportaciones. Tanto la inversión nacional como la extranjera están estancadas, extremo que se refleja en el bajo crecimiento del crédito bancario al sector privado y en los bajos niveles de contratación. El aumento de los litigios judiciales también es un factor que contribuye a la desaceleración económica.

Por otro lado, la recaudación tributaria está aumentando gracias al incremento del precio del petróleo y sus derivados (inflación importada), y, aunque la SAT está tratando de sacar agua de las piedras, con dificultad se está llegando a la meta proyectada. Esto, sin duda, es un reflejo del mediocre desempeño económico. La falta de certeza jurídica también está impactando negativamente en la actividad económica. Inequívocamente, los fallos judiciales que arbitrariamente revierten u obstaculizan autorizaciones y licencias gubernamentales de desarrollos mineros, hidroeléctricos, eléctricos, petroleros, etcétera, están dando señales desalentadoras a los inversionistas y emprendedores. Tampoco alienta la inversión productiva la criminalización de los tributarios y la reversión de los criterios jurisprudenciales sentados en materia tributaria.

Finalmente, la paralización de la inversión pública, que, tradicionalmente, ha sido un factor dinámico de la economía, también está impactando negativamente en el desempeño económico. Indudablemente, la “criminalización de la contratación pública” ha sido determinante en el retraimiento del despacho de los negocios del Organismo Ejecutivo.

Por tanto, la prioridad nacional debe ser la reactivación económica, porque una economía en decadencia es la puerta al desastre. Basta con observar el desastre económico en Venezuela.