Domingo 26 DE Mayo DE 2019
Opinión

La crisis de los partidos políticos

En los últimos quince años la crisis de partidos se ha agudizado en Europa y no digamos en Latinoamérica.

Fecha de publicación: 28-07-18

“No hay nada nuevo bajo el sol” dice el refrán popular, refiriéndose a que no hay novedad en lo que acontece y por ello cuando decimos que hay crisis de los partidos políticos debemos entender que no es una originalidad de los partidos guatemaltecos, sino una cadencia permanente que empezó hace más de un siglo en las primeras democracias: Inglaterra y Estados Unidos. Sin embargo, en los últimos quince años la crisis de partidos se ha agudizado en Europa y no digamos en Latinoamérica, donde padecemos de pluralismo partidista, que es un eufemismo para decir que no tenemos verdaderos partidos.

Si le preguntamos al ciudadano común sobre la necesidad y desempeño de los partidos políticos en la actualidad, un alto porcentaje dirá que los partidos políticos son necesarios para el buen funcionamiento de la democracia, pero solo una ínfima minoría dirá que confía en ellos. ¿A qué se debe esta falta de confianza y legitimidad? ¿Qué es lo que no ha funcionado?

Primero entendamos las funciones básicas que los partidos políticos deben jugar en una democracia: ser el intermediario entre la ciudadanía y el poder, producen la clase política, hacen la representación orgánica de las distintas corrientes ideológicas, ejercen el gobierno, hacen el control del poder y educan a la población en democracia. ¿Cuáles de estas funciones, aunque sea parcialmente, cumplen los partidos políticos en Guatemala? Seguramente la opinión de la mayoría de los guatemaltecos es que ninguna. ¿Por qué sucede esto? ¿Es el financiamiento ilícito el pecado original de la democracia como se ha aseverado y por lo tanto la razón por la cual las organizaciones políticas no funcionan o funcionan muy mal? En mi opinión hay varios pecados capitales en nuestro sistema.

El primer pecado es de diseño. La Constitución Política de la República apenas contiene un artículo, el doscientos veintitrés, que hace referencia al régimen político electoral delegando en la Ley Electoral y de Partidos Políticos o LEPP todo lo concerniente al funcionamiento de las organizaciones políticas. La LEPP a pesar de ser una ley de orden constitucional es procedimental y no desarrolla los elementos esenciales del qué hacer de los partidos políticos y su vinculación con la ciudadanía.

El segundo pecado tiene que ver con los incentivos. Preguntémonos ¿qué motiva hoy a una persona o grupo de personas a participar en política? Con raras excepciones sin lugar a duda la mayoría lo hace por ansias de poder, porque es un vehículo para enriquecerse fácilmente o buscan emplearse. La configuración y operación de las instituciones del gobierno permiten el expolio de los bienes del Estado sin mayores dificultades y consecuencias.

El tercer gran pecado es la apatía ciudadana y la falsa expectativa que tenemos de los partidos políticos, asumiendo que alguien más hará el trabajo político por nosotros. La calidad de los partidos es directamente proporcional a nuestra participación en ellos. No hay verdadera democracia sin participación ciudadana.

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