Miércoles 21 DE Agosto DE 2019
Opinión

Virtudes Cardinales

¿Todo, para lograr el punto medio?

Fecha de publicación: 27-07-18
Por: Alvaro Castellanos Howell

No pretendo, fastuosamente, afirmar cuáles son las cuatro virtudes “cardinales” a las que todo ser humano debe aspirar.

Para intentar transitar a algo un poco más concreto, me gustaría proponer que pensemos por un momento, en los cuatro puntos cardinales.

Algo así, como imaginarnos al ser humano, con sus puntos cardinales, siguiendo por ejemplo, el dibujo del Hombre de Vitruvio.

¿La cabeza está en el norte?

Para los antiguos navegantes, el “norte” fue determinante para establecer su orientación, pues definía el resto de los puntos cardinales. Por eso, a veces, a alguien le decimos que “perdió el norte”, cuando coloquial y francamente le quisiéramos decir que está desorientado o totalmente equivocado. O que está “patas arriba”.

Así pues, en lo físico o tangible, los puntos cardinales son los que conforman un sistema de referencias para mantenernos orientados en el espacio terrenal.

Por lo tanto, en lo personal, y siguiendo visiones platónicas evocadas en La República, las virtudes cardinales deberían ser las que nos mantengan orientados en el plano moral.

¿La justica es el norte? Parece que sí, según la visión platónica magníficamente representada por Rafaello Di Sanzio en la “Stanza della Segnatura” (vale la pena buscarla en la página de www.museivaticani.va).

Pero, ¿cuáles son las restantes virtudes cardinales humanas, según la tradición occidental? ¿Esas que lo llevan a uno a simplemente a potenciar la posibilidad de vivir las virtudes teologales?

Siguiendo con la República de Platón, son la prudencia, la fortaleza y la templanza.

Pero, ¿a qué viene todo esto?

Si el esfuerzo por ser justos siempre debe ser nuestro norte, la sensatez, la valentía y la moderación, no pueden dejar de participar, aunque puedan ocupar cualquier otro “punto cardinal humano” (izquierda o derecha, por ejemplo). Al final, siempre todo se debe orientar a lo mismo.

Ciertamente nos es fácil encontrar nuestro punto medio virtuoso, porque es más fácil, o casi natural, dejarnos llevar por la soberbia.

Pero nuestra situación de país demanda otra cosa: el desarrollo de las virtudes requiere algunas renuncias. Por ejemplo, para aprender a ser sensatos, a veces tenemos que renunciar a decir algunas cosas, o dejar de maltratar a otros; para ser valientes, debemos partir por abandonar el egoísmo. Para ser moderados, primero tenemos que aprender a escuchar. ¿Queremos ser justos? ¿Queremos que la nuestra sea una sociedad más justa? ¿Lo hemos intentado realmente?

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