Miércoles 21 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Guatemala, fábrica de pobres

Una fábrica que este año se está ahora acelerando.

— Gonzalo Asturias Montenegro
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Guatemala es una fábrica de pobres: una afirmación basada en estadísticas, las cuales manejaré en dos periodos de 14 años para un total de 28. Veamos.

 

El número de guatemaltecos que se pueden considerar pobres porque viven con menos del equivalente a US$5.50 diarios, ajustado según la paridad del poder adquisitivo, es, según el Banco Mundial, el siguiente:

 

  • Año 1986: 7,155,936 pobres
  • Año 2000: 5,219,533 pobres
  • Año 2014: 7,770,697 pobres

 

Esta estadística revela que logramos una importante reducción en los primeros 14 años; pero que hubo una regresión en la segunda serie de 14 años, de forma que en 28 años, el aumento neto de guatemaltecos pobres fue de 614 mil 761.

 

Si tomamos el número de guatemaltecos en pobreza extrema sobre la base del equivalente a menos de US$1.90 diarios, siempre ajustado según la paridad del poder adquisitivo, el resultado según el Banco Mundial, es el siguiente:

 

  • Año 1986: 4,101,162 pobres
  • Año 2000: 1,071,868 pobres
  • Año 2014: 1,385,350 pobres

 

Esta estadística revela que si bien hubo una reducción drástica de estos guatemaltecos pobres en los primeros 14 años; luego, de 2000 a 2014, la cifra aumentó en este periodo en 313 mil 482 pobres, no habiendo habido, pues, sostenibilidad. Sin embargo, en el periodo de 28 años sí hubo reducción de los más pobres de los pobres. Otros parámetros igualmente válidos podrían hacerse en ejercicios de
utilidad social.

 

Como consecuencia de que el país sea una fábrica de pobres, Guatemala también es un exportador nato de personas; solo en Estados Unidos hay más de millón y medio de migrantes guatemaltecos. Recientemente, Carol Zardetto escribió en este medio que “la migración ha crecido un 800 por ciento en los últimos años” (fue una pena que, para que el dato tuviera validez, no indicara el periodo de ese crecimiento ni la fuente); se trata, sin duda, de compatriotas que no van tanto tras el “sueño americano” sino huyendo en
estampida de la “pesadilla guatemalteca”.

 

Aunque vengan los vicepresidentes de los Estados Unidos (Obama envió a Biden y Trump a Pence) a somatarle la mesa a los presidentes del Triángulo Norte de Centroamérica, sentenciando que no quieren que les enviemos más migrantes, si no hay desarrollo sustancial la migración continuará (con o sin muro), aunque ello saque de quicio al Imperio. En realidad, para que no hubiera migración, la economía debería de crecer anualmente entre el seis y el ocho por ciento por un buen número de años, porque la construcción de un tejido social y económico no se hace de un día para otro, sino que toma tiempo.

 

Ahora bien, esta fábrica de pobres, que se llama Guatemala, ahora está incrementando su producción porque las perspectivas no son halagüeñas: la confianza económica en el país se ha reducido este año en 6.2 por ciento, comparado con el año anterior; el crédito bancario para el consumo está por debajo del año pasado, compensado parcialmente por el incremento de la recepción de remesas; el otorgamiento bancario de microcréditos sigue cayendo; de enero a marzo, la inversión extranjera directa (que crea puestos de trabajo) se contrajo 6.5 por ciento, comparado con esos meses del año anterior; los precios internacionales de importantes productos de exportación han caído (azúcar, café, hule y grasas y aceites comestibles); nuestras exportación a Nicaragua se han ido a pique por la despótica represión del gobierno (ese país probablemente tendrá este año un crecimiento cero); unido todo ello al restringido gasto gubernamental, a la incertidumbre electoral y a la sequía que está acabando con cosechas de granos básicos. Según una encuesta de Percepción empresarial dada a conocer esta semana, el 64 por ciento de los consultados consideró que 2018 no es un buen año para invertir. También frenan la economía los mensajes negativos que envían al extranjero los retenes de Codeca, la toma de fincas, las extorsiones generalizadas, y hasta que la Minera San Rafael lleve más de un año detenida, en un limbo legal. Por todo ello, anteayer el Banguat ajustó nuevamente el crecimiento del PIB a la baja, entre 2.8 y 3.2 por ciento para este año (Un porcentaje demasiado optimista). Según Nils Leporowski, presidente de Camagro, Guatemala podría cerrar el crecimiento de 2018 en 2.5 por ciento, “un ritmo menor a lo que crece la población”. Todo indica, pues, que la fábrica de pobres ya aceleró su producción. A las calderas les hemos echado ya más leña. ¡Es del carajo!

 

Termino con una aclaración importante. En las ciencias sociales, para el estudio de los fenómenos es necesario acudir a las estadísticas; sin embargo, aclaro que yo en lo personal, detrás de los números veo rostros humanos, hermanos guatemaltecos nuestros que sufren: tengo por naturaleza gran sensibilidad social, y también, por mi condición de cristiano católico, tengo un gran sentido de misericordia. ¡No soy insensible ante la pobreza y los pobres! Todos los días oro varias veces por ellos; y, dentro de mis posibilidades, hago lo que puedo por aliviar su sufrimiento. De lo contrario, no sería consecuente conmigo mismo ni con mis creencias.

 

gasturiasm@gmail.com

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