Martes 20 DE Agosto DE 2019
Opinión

El culto al individuo

“Soy defensora del egoísmo”. Ayn Rand.

Fecha de publicación: 27-07-18
Por: Carol Zardetto

Tal y como lo describió Aristóteles, el ser humano es un “animal político”, lo cual implica, que precisa de la “polis” como estructura social para realizar sus fines. La primera estructura social a la que el ser humano se afilia es a la familia. Cada uno de nosotros, nacemos en ese seno colectivo, sin el cual pereceríamos. Las familias se organizan para realizar de manera colectiva una cantidad compleja de actividades y producción de bienes que sirven para una subsistencia más sofisticada. La sociedad se convierte en un sistema de soporte colectivo, que no solamente produce bienes materiales. También genera valores y cultura. Aristóteles dijo que un ser humano que pudiera vivir solo, sería un dios.

Frente a la realidad implacable de la existencia colectiva y de que el ser humano es social por necesidades diversas, los llamados “libertarios” han desarrollado una curiosa teoría que niega la validez de la colectividad. Basan su teoría en el dudoso “valor” del egoísmo. Y nos quieren convencer de que no solamente es natural en las especies, sino que, además, resulta deseable. Contrario a los dudosos razonamientos de sus filósofos de cabecera, el ser humano ha sobrevivido sobre el planeta Tierra gracias a los sistemas de trabajo solidario que permite la organización social.

Para los defensores del egoísmo como principio de vida, lo más natural es la defensa de un individualismo radical. Los conglomerados humanos son a sus ojos solamente un número enorme de individuos atomizados, con fines exclusivamente egoístas, que tienen derecho a no permitir ninguna restricción a una libertad idealizada que se asume con derecho a ser ilimitada.

Por supuesto que, bajo estas premisas, el Estado es el enemigo acérrimo. Y le exigen a este ente intrusivo una sola cosa: que no se meta. El famoso lema laissez faire, laissez passer, resume su visión de un Estado débil, mínimo, virtualmente incapaz de frenar al individuo y su egoísmo que, frente al absurdo antisocial, es capaz de crecer de manera hiperbólica y causar desastres casi irreparables.

En fechas recientes, los “libertarios” guatemaltecos se han dado a la tarea de desprestigiar el censo. Según ellos, el esfuerzo de vernos como una colectividad y planificar políticas públicas para todos resulta en amenaza para ese individuo que ellos imaginan: aislado y egoísta. Lo que esconde esta filosofía es un interés específico: el más rapaz capitalismo que aspira a ejercer un poder absoluto y depredador. Un capitalismo sin ninguna regulación, sin ningún límite, sin ninguna cortapisa, sin rendir cuentas. El censo es fundamental para organizar nuestra vida en sociedad y tomar decisiones que nos permitan resolver problemas colectivos. Allá los “libertarios” con sus fantasías. Respondamos al censo, por nuestro bien.

 

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