Miércoles 14 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Ahora o nunca

Proteger a la verdadera democracia (principios y valores) de la falsa democracia (vieja política).

— Anabella Giracca
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Recientemente han pasado cosas en el escenario político. Buen momento para aprovechar con serias reflexiones que pongan sobre la mesa lo que las viejas prácticas han ocasionado. El daño que han hecho. Sin duda, llegar al poder sin plan ni equipo de trabajo, vuelve al político, cuando bien le va, en “apaga fuegos”. Cuando no cuentan con ideas desarrolladas, ni personas capacitadas para el puesto que desempeñan, caen en la inmediatez. La vieja política no se interesa por políticas de mediano ni largo plazo. Y es que sin hoja de ruta no se llega a ningún lado. Por ello, busquemos propuestas programáticas, ese mapa que nos lleve al tesoro del cambio.

La vieja política se niega a ceder la estafeta. Se instala en el cargo por los siglos de los siglos. Insiste en negarse a la paridad y a la alternabilidad. Se vale del nepotismo. Reparte cargos entre amigos, parientes y círculos cercanos de manera nefasta. Reina la incompetencia y la mala gestión pública.

En la vieja política no hay ideología. Impera llegar al poder por el poder mismo para beneficio personal. No se tiene idea desde qué perspectiva resolver los grandes problemas nacionales.

La vieja política compra fichas de seudopartidos políticos de papel. Fomentar la democracia interna no está en su bitácora. La vieja política ve al ciudadano como un objeto y no como un sujeto de valor.

Lo que hemos tenido es un abandono sistemático de ética y de principios, simplemente porque no hay entrega ni sacrificio.

Y es que hablo de la cultura de la piñata. Llegar a un cargo con palo en mano para sacar del Estado cuanto sea posible sin importar las demandas ciudadanas. La vieja política es gatopardismo: hacer como si se hace para que todo siga igual.

En las rancias prácticas no aparece la consulta, sino el aprovechamiento de “bases” durante la campaña, para luego invisibilizarlas.

Y es que es un tema de mercado, donde venderse al mejor postor es tendencia. Políticos sin ética ni ideología, que cambian de partido a su conveniencia. Tránsfugas que están a la venta sin escrúpulos, son la afronta y la negación más brutal a la voluntad popular.

La vieja política se recuesta en el cacicazgo. Paternalismo exacerbado. El político se hipnotiza con el poder, se convierte en padre y dueño. Soluciona problemas de raíces profundas a través de la caridad y las dádivas. Tiende a ser asistencialista y jamás busca soluciones profundas a problemas profundos. Se esconde en el financiamiento ilícito. Opaco. Oculto. Llega al poder a pagar deudas y favores. Alianzas perversas.

¡El mapa está claro! Llegó el momento de exigir todo lo contrario. Una política nueva, limpia, franca. De buenas alianzas. De todos depende.

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