Lunes 24 DE Septiembre DE 2018
Opinión

En defensa de las libertades

Tienen derecho de reunirse, asociarse y proponer.

— Édgar Gutiérrez
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Una doñita que –ni modo– solo sabe ganarse la vida como mercenaria de las redes sociales, puso el grito en el cielo: “Esto es un pacto de delincuentes”, vociferó. Reprodujo unas fotos y videos, durante fastidiosos 30 minutos, de guatemaltecos/as que se reunieron en San Salvador este fin de semana. Según alcancé a leer en la pantalla, discutían un proyecto político para Guatemala. Me dije: qué esperanzador, porque justamente eso necesita el país. Abrir un horizonte de estabilidad y desarrollo compartido.

La pobre doñita (que no reconocía más que a los personajes mediáticos, como la exfiscal general Thelma Aldana, a la diputada Nineth Montenegro y al periodista Óscar Clemente Marroquín) se desgañitaba el galillo lanzando insultos a diestra y siniestra. “¡Miren a ese, y a ese, y a ese otro… desvergonzados…” (“Después les diré sus nombres”: como si fueran unos desconocidos en nuestro medio).

Para la doñita todos los de la reunión eran “viejos” (ella, ¿no?) y “corruptos” (ella, inmaculada), participando de un acto que –según su docta opinión– viola la Ley Electoral y de Partidos Políticos. Íntimamente clamaba porque la Policía que Degenhart está cultivando, como yerba mala, lanzara una redada en el hotel donde se llevaba a cabo la reunión y se los llevara enchachados a todos al Mariscal Zavala, donde guardan prisión algunos de quienes la patrocinan.

El derecho de reunión (pacífica y sin armas), de asociación (voluntaria) y libertad de emisión del pensamiento (que no puede ser restringido por ley o disposición gubernamental), están garantizados en la Constitución, que la doñita no conoce ni tiene que acatar, pues es cubana expatriada; además, son preceptos incluidos en la sección que los constitucionalistas han denominado “dogmática”, es decir, que no se discuten ni se niegan. Son los pilares de la República que todo el tiempo deben ser protegidos y defendidos, pues representan las libertades ganadas a sangre, sudor y lágrimas tras ciento cincuenta años de crueles tiranías, preeminencia de sátrapas arteros, y personajillos abusadores y prepotentes, como el que ahora tenemos asomando nariz de Pinocho desde Casa Presidencial.

La política democrática no puede ser criminalizada, menos por esta doñita metiche. Todo aquel que está interesado en política. Que se preocupa por su país, sea desde la posición política e ideológica que sea, tiene derecho de reunirse, deliberar y proponer. Eso no se llama campaña electoral fuera de temporada. Es más, llevar a cabo una paciente labor de educación cívica entre todos los públicos, como lo hace Edmond Mulet desde hace varios meses, es meritorio y digno de reconocimiento. Lo mismo harán otros personajes desde la derecha y ultraderecha, la izquierda y ultraizquierda. Esta es la única conquista de los Acuerdos de Paz, descansando en la Constitución. No vamos a tolerar que nos retornen el reloj de la historia a 1980, como pretenden Jimmy Morales y sus hombres de las cavernas.

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