Domingo 15 DE Septiembre DE 2019
Opinión

Para recuperar el legado de la Reforma de Córdoba

El legado de Córdoba sugiere que no se debe sujetar a todas las universidades a la lógica de la competitividad.

Fecha de publicación: 21-07-18
Por: Jorge Mario Rodríguez

La ahora centenaria Reforma de Córdoba (1918), movimiento en el que se cristalizó el espíritu estudiantil de una época, contribuyó a perfilar la universidad estatal latinoamericana del siglo XX. Por su ímpetu espiritual, que buscaba sociedades más igualitarias y con mayor movilidad social, este movimiento se extendió por toda América Latina, promoviendo corrientes políticas que animaron proyectos como el de la Primavera Democrática en Guatemala. Juan José Arévalo estudió en la Argentina transformada por el evento cordobés y su “socialismo espiritual” se relaciona con el “socialismo ético” del reconocido maestro de la Reforma, Alejandro Korn, quien llegó a ser también mentor de nuestro líder.

Soy del parecer que la Reforma de Córdoba sigue siendo un referente para pensar la universidad estatal latinoamericana del siglo XXI. La clave de dicha herencia radica en la marcada opción por los valores que se proyectan en una aspiración por sociedades más justas. El movimiento cordobés ayudó a generar una universidad opuesta al elitismo tan propio de las desiguales sociedades latinoamericanas.

Esta opción por los valores, no simples actitudes personales sino referentes de estructuras sociales racionales, es relevante en un tiempo en el cual se impone, a través de progresivos cambios tecnocráticos, la tesis de que las universidades deben subordinarse a los dictados de un “mercado laboral”, necesitado de profesionales flexibles destinados a incrementar el grado de competitividad de su persona, empresa o país. Este objetivo, en un contexto en el cual se mercantilizan hasta las religiones, atrofia las capacidades reflexivas de las sociedades. El trágico resultado son esas regresiones políticas de las sociedades contemporáneas que han hecho del desesperado migrante el chivo expiatorio de nuestra época.

La tarea más importante en este sentido es rescatar las universidades estatales de las garras de los presupuestos ideológicos del neoliberalismo. Por ejemplo, el énfasis en los rankings es fútil y más bien refleja la obsesión métrica en distintos campos –la ya denominada “tiranía de los indicadores”. Las comparaciones mundiales que generan estos instrumentos aparentemente neutrales –encabezadas siempre por la Universidad de Harvard– pueden decir cosas importantes, menos que todas las universidades deben o pueden seguir el mismo camino.

El legado de Córdoba sugiere que no se debe sujetar a todas las universidades a la lógica de la competitividad. No se trata tan solo, de que ya se hayan identificado las múltiples maneras en que los rankings pueden ser manipulados, sino que la relevancia de las universidades estatales debe medirse en función del avance general de las sociedades que las albergan.

Esto no tiene nada que ver con un conformismo, con la mediocridad en la investigación y la docencia. La tarea de los universitarios responsables es erradicar prácticas que distorsionan el funcionamiento de las instituciones universitarias estatales, como es el caso de la excesiva burocratización o la subordinación de la academia a los intereses políticos espurios.

Creo, en consecuencia, que la actual reforma en curso en nuestra universidad nacional requiere recuperar el legado de la Reforma de Córdoba. La Universidad de San Carlos de Guatemala necesita centrarse en resolver los problemas fundamentales de nuestro entorno, no solo con investigaciones inmediatas sino también con investigación fundamental a largo plazo. Un profesional capaz y consciente puede funcionar mejor dentro de cualquier “mercado laboral” que un trabajador entrenado que no sabe ni donde está situado.

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