Miércoles 14 DE Noviembre DE 2018
Opinión

“Me arde el alma…

el silencio cómplice”.

— Alvaro Castellanos Howell
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Cuando Mejía Godoy compuso Nicaragua Nicaragüita, no pecó de optimista. Especialmente, en su segunda estrofa: “Ay Nicaragua sos más dulcita/que la mielita de Tamagás/ pero ahora que ya sos libre, Nicaragüita, yo te quiero mucho más”.

Según los entendidos en materia musical, esta bella canción fue dedicada al Frente Sandinista de Liberación Nacional.

Que no es lo mismo que habérsela dedicado a una persona individual, y mucho menos, me imagino, a un Comandante.

En todo caso, a Augusto César Sandino, quien hoy, si renaciera, no me cabe la menor duda en qué bando se posicionaría en esa tierra dulce.

El Tamagás, pequeño poblado muy cercano a Managua, en las faldas del volcán de Chiltepe, es famoso por sus abejas sin aguijón que producen una miel exquisita.

Sin aguijón, como el respetable pueblo nicaragüense que sale indefenso a luchar por las libertades cívicas, los derechos humanos y la democracia.

¿Por qué nuestro gobierno guarda absoluto mutis con lo que sucede ya desde hace casi exactamente tres meses en nuestro hermano país centroamericano? ¿Por qué no se hace sentir para nada algún mínimo grado de indignación, no digamos de solidaridad, en nuestra sociedad, al grado que puedan darse cuenta los “Nicas” que sí nos importan?

Por eso alguien me dijo cabalmente que le arde el alma ese silencio cómplice.

Ese silencio, que para quien sufre, es un grito, pero de terror o de lamento insondable.

¿Por qué los guatemaltecos no terminamos de sentirnos centroamericanos? Compartir océanos y cordilleras no ha redundado más que en compartir comercio y servicios, pero casi nada de fraternidad, mucho menos, de empatía.

El fracaso de un proyecto de unidad regional, más notorio en el siglo XIX, pero no por ello inexistente en el siglo XX y en el presente, ha generado una separación, casi drástica, de identidades.

Al colmo que hoy poco sabemos de Nicaragua y la vemos lejos. Como que no nos incumbiera.

No hay que ser sabio para comprender que la represión que se vive en un país hermano y que irrumpe con el diálogo y la dignidad de su pueblo, lastima no solamente su propia historia, sino el de toda la región. El ejemplo represor (que no, ejemplar), ¿puede ser replicado en otro país? ¿En otro de los dedos de esa mano que nos canta el himno de Centroamérica?

Nicaragua, eres libre de verdad. Tu pueblo indómito así lo demuestra. Hoy, los regios, los valientes, dan vida a la esperanza. Pronto deberá pasar la segunda larga noche oscura. Nicaragua, Nicaragüita, no estás solita.

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