Jueves 22 DE Noviembre DE 2018
Opinión

El débil sistema político guatemalteco. Una propuesta para reconstruirlo

Es evidente que nuestro sistema político está colapsado por lo que requiere de una profunda y urgente “revitalización” para hacerlo funcional en servicio de la sociedad a la que debe servir.

— Francisco Roberto Gutiérrez Martínez
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En una sociedad estable y segura, la política debe funcionar como un sistema en el cual existe una fluida y transparente interacción de la ciudadanía con las instituciones con que el Estado cuenta, para que basado en ello se facilite la vida y el trabajo de los ciudadanos. Cuando la política se desarrolla de esa manera, se puede atender las demandas más apremiantes de las personas; para ello el Estado responde con las políticas públicas y los servicios correspondientes de manera oportuna y eficaz. Esto no está sucediendo en Guatemala.

El deterioro del sistema político guatemalteco tiene su máxima expresión en varias de sus instituciones, siendo quizá la principal en los partidos políticos que, como sabemos, no funcionan más que como vehículos electoreros carentes de propuestas políticas con ideología y consistencia. En este momento Guatemala cuenta con 26 partidos políticos, la mayoría con cerca de 25 mil inscritos y alguno con algo más; pero la participación de los afiliados, aun cuando puede ser alta en número –siendo la calidad de desarrollo institucional del partido baja– no puede consolidarse en el largo plazo; es lo que el politólogo Samuel Huntington denomina como “sistemas pretorianos”, los que no garantizan una vida prolongada a las instituciones. En nuestro medio llamamos a estos partidos políticos como “vehículos electoreros”, en los que la participación ciudadana se da para la búsqueda de oportunidades personales de enriquecimiento o como opción laboral.

En mi opinión el sistema político guatemalteco como ha funcionado a la fecha no da para más; queda por tanto, la búsqueda de opciones que lo viabilicen y, como dicho supra, lo revitalicen. En consultas informales con ciudadanos de la provincia escucho la reticencia generalizada a la participación política en partidos políticos (excepto cuando la racionalidad es búsqueda de intereses personales). Pero igualmente escucho la preocupación por el tema, y en ese sentido, la primaria disposición a participar en “Comités cívicos”, a sabiendas que estos tienen la debilidad de ser permitidos para un único proceso electoral, y exclusivamente para proponer candidaturas al Concejo Municipal.

En el Título Tres de la Ley Electoral y de Partidos Políticos que nos rige, (Artículos 97 al 114) se establece la normativa para constituir un Comité Cívico, en cuyo último artículo se establece: “Los comités cívicos electorales quedarán automáticamente disueltos, sin necesidad de declaración o resolución alguna, al quedar firme la adjudicación de cargos en la elección en que hayan participado”. Este artículo no fue modificado por el Congreso de la República en el sentido de darles mayor temporalidad a los comités cívicos, inhibiendo con ello la posibilidad de su “maduración”. Al igual que no fue aceptada la propuesta que permitiera que varios comités cívicos se unieran para presentar candidatos a Diputados de un Departamento de la República.

Me parece que los Diputados al Congreso impidieron con esa decisión la posibilidad de darle nuevo aliento a la política nacional, pues está demostrado que desde lo local se pueden construir procesos sociales (y políticos) más genuinos, consistentes y permanentes. Quizá haya aún tiempo de reconsiderar el asunto por los Diputados, pues de ello dependerá que se logre una mayor participación ciudadana y, sobre todo, una representación más idónea en el Congreso.

Ante la debilidad actual del sistema político, es indispensable proponer  alternativas viables y solidas que lo “reconstruyan”. Por el bien del país.

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